Fue copista y organista:

Compilado de partituras empleado en 1790 por la esclava María Antonia Palacios recibirá la Biblioteca Nacional

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Portada del Libro Sesto firmada por Palacios

Portada del Libro Sesto firmada por Palacios

El libro, único en el mundo, contiene 165 obras que transitan entre la música eclesiástica y el salón de baile. La ceremonia se realizará el miércoles, en la Sala América, y contará con música en vivo extraída del propio volumen.

24/01/2014

Fuente: DIBAM

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En 1790 Chile transitaba su etapa colonial y en Europa, Mozart vivía el último año de su fecunda existencia.

La música en vivo se practicaba en las casas y, por cierto, en el culto religioso. Por ello, tener buenos instrumentos y mejores partituras, eran necesidades de primera importancia.

El descubrimiento

Interesado en investigar los vestigios de la música colonial en Chile, el fallecido musicólogo Guillermo Marchant Espinoza (1950-2009), de la Universidad de Valparaíso y la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, revisaba periódicamente los archivos en iglesias de todo el país. En una de ellas (cuyo nombre nunca quiso revelar), encontró un volumen que estaba listo para ser botado a la basura. Se trataba del "Libro Sesto de María Antonia Palacios", de 1790: un compendio encuadernado en piel con 165 obras musicales, que fuera utilizado por la esclava africana María Antonia Palacios, organista y copista, con 93 obras firmadas y otras 72 anónimas.

María Antonia trabajó al servicio particular de Gertrudis Palacios, rica depositaria de los bienes familiares y con un fuerte compromiso con la Iglesia.

Las piezas que contiene el raro ejemplar, transitan desde la música eclesiástica (para órgano), hasta piezas bailables de salón para diversos instrumentos, voces y combinaciones orquestales.

En fuentes de la música docta, como la Revista Musical Chilena (U. de Chile), se sostiene "que este es uno de los rarísimos testimonios de la música instrumental colonial a nivel continental".

Se teme que los cinco volúmenes anteriores ya estén fatalmente destruidos.

El estudio que realizó el musicólogo Guillermo Marchant, indica que el nombre de María Antonia Palacios, que aparece en el folio I, da a entender que Palacios era la usuaria del Libro Sesto, pero que ello no asegura que haya sido la recopiladora y copista de las obras contenidas.

La donación

Será el miércoles 29, a las 19:00 horas, en la Sala América de la Biblioteca Nacional, cuando Guillermo Espinoza Sánchez, tío del fallecido investigador, entregue el preciado volumen al Archivo de Música de la institución. "Aquí se harán los procesos de limpieza y restauración (si es que se requieren) y de allí el libro se irá a la bóveda", dice Cecilia Astudillo, jefa del Archivo de Música, quien agrega: "La pieza se digitalizará por completo y eso es lo que se pondrá a disposición de los usuarios e investigadores. Por la rareza del documento, será uno de los tesoros más grandes de nuestro Archivo".

En el curso de la ceremonia, el cantante y director Daniel Mesías y su agrupación Ensamble Alta Voce, presentará algunas obras del volumen. Se trata de las cuatro primeras canciones y las cuatro últimas del Libro Sesto, para cuatro voces y cuatro instrumentos, lo que dará el marco temporal a tan importante donación.

Tesoros contenidos

Entre las joyas incluidas en el libro, se encuentra el primer movimiento de la Sonata en Do Mayor del Gruppe XVI (N°35 del catálogo Hoboken) de Joseph Haydn, que acusa diferencias con respecto a su edición original. También un corpus relativamente numeroso de composiciones de Juan Capistrano Coley y Embid, maestro de capilla en Viana (Navarra), de una época contemporánea al Libro Sesto y cuyas obras se perdieron en su lugar de origen durante las guerras carlistas, lo cual convierte al Libro Sesto en su única fuente. Lo mismo ocurre con un grupo de seis "minuetes" y dos marchas para salterio compuestas por Ignaz Josef Pleyel, obras que no aparecen en el catálogo general de sus composiciones.

"Algunas mujeres hicieron música con nombres de hombre durante la Colonia , pero no se sabía que alguna esclava negra, como María Antonia Palacios, participara en este proceso histórico. En las misiones jesuitas, muchas veces eran los indígenas los compositores, pero nosotros no teníamos algo así aquí en Chile. Este libro es una verdadera joya", termina diciendo Cecilia Astudillo, jefa del Archivo de Música de la Biblioteca Nacional.

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Recursos adicionales

Materias: Manuscritos - Música
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