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Desde el 16 de Noviembre de 2004 hasta el 16 de Enero de 2005, Sala Matta Museo Nacional de Bellas Artes |
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La exposición retrospectiva de Henri Cartier-Bresson, que se presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago , se compone de 155 fotografías enmarcadas, formato 52 x 62 cm. que recorren su extenso trabajo.
Fotógrafo atento al paso de la vida y a las formas que ésta adquiere, representa un punto alto del lirismo fotográfico: el del autor por quien se acuñó el término de “instante fugaz”, aquél instante que sólo la fotografía permite preservar. El “Instante decisivo” para muchos.
Su trabajo está asociado a la liberación técnica que significó la película en rollos de 35 mm. y las nuevas cámaras, que permitieron una precisión altísima en un formato hasta esos años considerado para aficionados.
Así como él admiraba el trabajo libre y espontáneo del húngaro Martin Munkacsi, con sus fotos de niños bañistas en el litoral africano de fines de los años 20, los fotógrafos en general reconocen en Cartier-Bresson la agilidad del reflejo para captar el instante, asociado a un rigor extremo en la composición. Las sombras, luces o texturas, elementos nobles de la fotografía, se relacionan en sus imágenes con el sujeto y su anécdota. El resultado es una fotografía compleja, evocadora, que marcó una tendencia fundamental en la fotografía del siglo XX.
Ciertamente sus trabajos importantes, como el libro de “Los Europeos” (ed. Delpire ’55); las fotografías en la España de los años ‘30; los retratos de intelectuales y artistas como Matisse o Alberto Giacometti; la serie sobre la India a fines de los ’40, han influenciado a tantos creadores, que es posible hablar de un “antes de..” y un “después de...” Henri Cartier-Bresson.
Uno de los aspectos significativos de su trabajo es que lo lleva a cabo sin ningún fuego de artificio, son fotografías realizadas con una gran economía de medios. Una cámara de pequeño tamaño y enfoque rápido, un lente normal y básicamente un ojo adiestrado, son las herramientas de este icono de la fotografía mundial, quien propone “ poner en el mismo eje de mirada la cabeza, el ojo y el corazón”, una perspectiva que ha hecho de Cartier-Bresson una leyenda de la fotografía.
Este espíritu de conquista de un medio, esta capacidad para construir una nueva frontera, más amplia, para la fotografía y por consiguiente para la sociedad, es lo que queremos compartir con esta gran muestra en Chile, una excelente retrospectiva de su obra que contiene imágenes que hasta hoy constituyen los cimientos de la historia de la fotografía mundial.
Tal como ha ocurrido con otras exposiciones fotográficas que asocian una imagen histórica, documental, con un gesto de gran humanidad y calidez, la respuesta del público es apasionada: es un placer ver estas copias en blanco y negro. Así lo demuestra el éxito de público que las aclama internacionalmente.
Las fotografías que se exponen en el Museo Nacional de Bellas Artes entre noviembre 2004 y enero de 2005, son copias hechas en el laboratorio Picto de Paris, el mismo que ha impreso la totalidad de su obra. Como es sabido, una de las características del trabajo de Cartier-Bresson es la claridad de las copias, su excelente gradación, su exigencia técnica para lograr transmitir la fuerza de este “instante fugaz”. Por de pronto, la leyenda cuenta que nunca recompone la imagen en el laboratorio, que aquello que encuadró es estrictamente aquello que se imprime. El pequeño filete negro por el contorno de la imagen, prueba que allí se encuentra el borde del fotograma y al mismo tiempo destaca gráficamente estas ventanas monocromas, estos rectángulos de tonos grises que nos recuerdan poéticamente a la vida.
Sobre el autor
Henri Cartier-Bresson (Francia 1908-2004), se ha descrito a si mismo como un fotoreportero, una etiqueta dudosa y no menos equívoca que cualquier otra disponible. Para poner una identificación en una perspectiva más completa, se podría agregar que es probablemente el único fotoreportero que estudió pintura con André Lhote, el académico más importante del cubismo, o también que relativamente pocas de sus imágenes están relacionadas con eventos periodísticos en el sentido tradicional. También es cierto que muchas de sus mejores fotografías han sido hechas no por encargo, sino más bien por la fascinación de un “amateur” por el mundo a su alrededor; pero esto también vale para muchos fotógrafos importantes. El mejor trabajo de un fotógrafo es generalmente hecho para él mismo.
Sin minimizar el valor de su trabajo como reportaje, debemos recalcar que las fotografías de Cartier-Bresson son reverenciadas por otros fotógrafos porque son esencialmente bellas. Poseen gracia, equilibrio, sorpresa, economía, tensión y un chispazo visual: las cualidades de un buen gimnasta o bailarín. O las cualidades de una buena imagen.
Esto no es para sugerir que las fotografías de Cartier-Bresson sean abstracciones. Surgen de una respuesta a una vida específica; su elocuencia formal es un tributo a su sentido humano. Si fueran menos que eso, para Cartier-Bresson, serían soluciones sin problemas.
(Traducido de John Szarkowski, “Looking at photographs. 100 pictures from the collection of the Museum of Modern Art”, The Museum of Modern Art, New York 1973)
Biografía del Autor
Nacido el 22 de agosto de 1908 en Chanteloup, departamento de Seine et Marne, Francia, Henri Cartier-Bresson se apasiona, luego de sus estudios superiores por el arte pictórico, entre otros por los surrealistas. El deseo de proseguir más lejos en esa vía, lo lleva a estudiar pintura con André Lhote en ’27 y ’28. Ésta pasión lo condujo hasta Cambridge donde estudió pintura y literatura.
En 1931, comienza a fotografiar y parte a descubrir el mundo. La India, China, la Unión Soviética, África lo fascinan. El año siguiente hace una primera exposición de fotografías en Nueva York, desde donde parte hacia México para radicarse durante un año. En 1936 y hasta el ’39 trabaja como segundo asistente del cineasta Jean Renoir.
Fue tomado prisionero en 1940, evadiéndose en febrero de 1943. Luego volvió a la fotografía y realizó numerosos retratos de artistas. Más tarde hizo incluso un reportaje sobre el regreso de los prisioneros y deportados, así como sobre la liberación de Paris en agosto 1944. En 1946 regresó a los Estados Unidos.
Con su famosa cámara Leica, Henri Cartier-Bresson practica, al igual que los surrealistas que frecuenta, una escritura automática aplicada al mundo de la imagen. “Fotografiar, dice, es poner sobre una misma línea de mira la cabeza, el ojo y el corazón. La fotografía es una forma de vivir.” Su obra saca el mejor partido de la banalidad aparente para revelar los aspectos y la dimensión universal. Cartier-Bresson nos dejó el 3 de agosto de 2004, pero su obra permanecerá por siempre.
La exposición “Henri Cartier-Bresson, fotógrafo” se muestra simultáneamente con una serie de exposiciones en Santiago con Fotoamérica 2004: un “Mes de la Fotografía”, en las galerías más importantes de la ciudad. Cabe destacar que la muestra de Cartier-Bresson es sin duda la más importante de estas exposiciones, debido a la relevancia mundial del autor, el cuál exhibió su gran retrospectiva en París con una gran afluencia de público.
Resumen técnico
Cantidad: 155 fotografías.
Técnica: copias Blanco y Negro, sobre papel clorobromuro de plata, soporte fibra.
Formato: 52x62 centimetros.
Texto introductorio por Henri Cartier-Bresson.
El libro de referencia “Henri Cartier-Bresson Photographe”, ediciones Delpire, 1979 representa la obra expuesta en esta exposición.
Lugar. Sala Matta, Museo Nacional de Bellas Artes
Duración: 02 meses.
IMPORTANTE, sobre utilización y derechos de reproducción de las fotos autorizadas: Todos los derechos de reproducción de las fotos son reservados. Se debe agregar los créditos respectivos de cada una de éstas.
Fotografía blanco y negro (Archivo: i2380-2.jpg)
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