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  Escritora y Periodista Patricio De Diego M. y Luis Peña R  
 

LA ASAMBLEA OBRERA DE ALIMENTACION NACIONAL ORGANIZO A MILES POR TODO CHILE Y CONSIGUIÓ CAMBIAR LEYES Y MENTALIDADES. DOS SOCIÓLOGOS ESCRIBEN SOBRE LA IMPORTANCIA DE ESTE EPISODIO QUE TRANSFORMO LA LUCHA POR EL PAN DE CADA DIA EN UN TEMA POLITICO DE PROFUNDAS IMPLICANCIAS.

El tema de la alimentación en Chile no puede dejar de lado las consideraciones relativas a dos fenómenos: el de las clases sociales y el de la urbanización moderna.

Porque si una cosa queda clara al revisar la historia social de Chile en el siglo XX es, precisamente, el carácter a la vez obrero y urbano de la cuestión de la alimentación popular que, en tanto demanda social, no estaba a la orden del día entre la oligarquía; ni tampoco era una cuestión decisiva en el medio rural, donde la supervivencia del mísero campesinado podía ser, mal que mal, afrontada por su relación directa con la tierra.

Como una demanda social de carácter prioritario, la alimentación sólo podía nacer entre los trabajadores de la ciudad, cuya ocupación en oficios especializados que nada tenían que ver con el proceso de explotación y distribución de los productos de la tierra, imponía la necesidad de resolver el problema del hambre.
Podrá discutirse en qué época de la historia social chilena se gestó la cuestión de la alimentación popular. Lo que no admite discusión es que adquirió una dimensión propia dentro de la historia política chilena gracias a la llamada Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN), primer parlamento de las masas obreras, que tuvo el país, y bajo el que la dirección de la clase trabajadora -la FoCh(2)- lograría reestructurarse de modo radical; movilizar prácticamente a la sociedad civil completa en pos de la solución definitiva al problema de la carestía alimenticia, y también del reconocimiento de las federaciones sindicales al interior de las empresas, con el propósito de compensar el alza del costo de la vida con aumentos salariales.

La Asamblea cubrió –aproximadamente- un año: desde la víspera del armisticio de la Primera Guerra Mundial, hasta los últimos meses de 1919.

Pese a su breve existencia, logró convocar a todas las categorías de obreros: desde católicos hasta socialistas, desde organizaciones mutualistas hasta federalistas; desde obreros fabriles hasta empleados de comercio, profesores y estudiantes; desde los obreros nortinos hasta los magallánicos. Y les brindó el más abierto espacio de convergencia para plantear sus propuestas, por encima de la dispersión, fragmentación y sectarismo que caracterizaban al mundo obrero.

presión exitosa
El motivo de esta amplia convocatoria fue que, hacia fines de la guerra mundial, el abastecimiento de víveres en las principales ciudades chilenas comenzaba a ser víctima del doble fenómeno de la carestía y de la especulación. Debido, en última instancia, a la escasez artificial provocada por la política hacendal de exportar la producción agrícola a una Europa exhausta y hambrienta tras años de conflagración.

Las siguientes cifras dan una idea de la carestía: hubo un aumento de un 20% en el precio de la carne; de un 45%, en el del trigo; y de un 80%, en el de la papa. Con respecto a la especulación, el recargo por concepto de utilidades al costo de producción llegó a más del 100%, en el caso de las papas y de la leche; y al 75%, en el de los porotos.

Para abaratar en las ciudades el consumo de productos agrícolas, la AOAN planteó tres medidas básicas: la supresión del impuesto a la internación de la carne argentina; la instalación de ferias y mercados libres, que vendieran los productos a precio de costo, sin recargo de los intermediarios; y la prohibición de exportar alimentos básicos.

Estas propuestas difícilmente habrían sido discutidas por los políticos de no haber tomado la AOAN la iniciativa de imponer el tema de la alimentación popular como un verdadero asunto de vida o muerte para la República, en virtud de la formidable presión ejercida por una movilización de masas sin precedentes en la historia de Chile.

No era inédito que la gente protestara contra la carestía, pero sí era la primera vez que tenía la determinación de no cejar en su empeño mientras no hubiera una solución definitiva al problema. Como punto de partida está la concentración del 22 de noviembre de 1918 en Santiago, que reunió entre 60 y 100 mil personas, última cifra que representaba la cuarta parte de los habitantes de la ciudad. La segunda tuvo lugar a fines de agosto de 1919, en diversos puntos del país.

Hasta entonces, las movilizaciones terminaban sin mayores logros y con baños de sangre, caos y destrozos. En cambio, aquella de noviembre de 1918, ordenada y pacífica, hizo efecto en los políticos, quienes tomaron inmediatas medidas contra la carestía ante la amenaza de nuevas manifestaciones. Entre ellas, la suspensión por tres años del impuesto al ganado argentino; la destinación de los impuestos al arroz y al té al arreglo de caminos, para hacer más expedito el transporte de alimentos desde el campo a la ciudad; la creación de un fondo estatal de dos millones de pesos de la época para la instalación de almacenes fiscales que venderían artículos de primera necesidad a precio de costo; el término del monopolio de los intermediarios privados sobre los productos de chacarería, y la instalación de ferias libres en los distintos barrios de la capital.

Es decir, lo que pedía la Asamblea, y más, a excepción de las limitaciones para exportar alimentos básicos. Por primera vez en la historia de Chile -proclamó un manifiesto- las sociedades obreras fueron llamadas a colaborar con legisladores y gobernantes para el dictado de leyes y medidas de bien público, y el Ejecutivo y las Cámaras se preocuparon de los intereses generales de la nación. Hasta entonces, materias de semejante tenor no eran tratadas en las esferas del poder, preocupadas de la ley de matrimonio civil o la disyuntiva entre educación laica o religiosa. Frente a estos temas, la cuestión del pan de cada día parecía algo pedestre.

hambre de más que pan
La oligarquía, en principio, se negaba a reconocer que por aquellos años existiera un problema de alimentación. Los hacendados, agremiados en la Sociedad Nacional de Agricultura, opinaron que la "solución" era "disminuir las poblaciones de las ciudades", las que -al parecer- no representaban para ellos más que lugares de tránsito de los víveres desde las haciendas hacia los mercados europeos. Con una perspectiva histórica de más de ochenta años, las ciudades chilenas de entonces aparecen distanciadas de los intereses del mundo agrario, que las consideraba, a ellas y a lo que representaban, poco menos que de sobra: civilidad, modernidad y cultura de masas parecían interponerse entre la hacienda y el mercado mundial.

Los únicos interesados en el mercado nacional fueron los viñateros, aunque para hacer de la ciudad un centro de abastecimiento de alcohol, negocio de explotación de los vicios de la clase trabajadora, como denunció la AOAN.

Para la AOAN el problema de la alimentación popular y la defensa de la ciudad y la sociedad civil fueron una sola cosa en sus ideales, valores, propósitos y acciones. La Asamblea argumentaba que, al levantar la bandera de la alimentación popular, estaba también defendiendo a la República y su sistema de vida. De hecho, fue esta asamblea la que instaló la cuestión alimenticia y del hambre regularmente en la primera plana de los diarios y en las discusiones del parlamento como una condición básica para la sustentabilidad a largo plazo de la sociedad chilena.

De ahí que lo que comenzara como un movimiento en pro de la alimentación de la población, en la perspectiva de una solución definitiva a la escasez y carestía de víveres, en el curso de unos pocos meses derivara en un movimiento social de masas que elevó a la AOAN a la categoría de un verdadero parlamento popular, paralelo a los poderes existentes, abocado a construir una nueva sociedad mediante leyes y propuestas que desbordaban el problema inicial de la subsistencia, para asumir la relación entre capital y trabajo, la colonización de las tierras, el ordenamiento y saneamiento de las ciudades, y la defensa de las libertades públicas sofocadas por el gobierno de Sanfuentes.

Este salto en la amplitud y profundidad de las demandas sociales se explica dentro del marco general de transformaciones de la estrategia de lucha de la clase trabajadora chilena la cual, a fuerza de duros golpes como las sangrientas experiencias de las movilizaciones de 1903, 1905 y 1907, había aprendido cosas importantes.

Entre ellas que la cuestión alimenticia no podía girar en torno a demandas específicas -como ocurrió con la huelga de 1905, a raíz del alza del costo de la carne- sino que debía ser abordada desde una política de alimentación popular, capaz de reorganizar la producción agrícola; que esa política alimenticia debía ser estatalmente dirigida, por lo que exigía presionar a los poderes públicos; que la carestía alimenticia podía ser compensada con un alza salarial, sin perjudicar las utilidades empresariales ya que Chile vivía un periodo de bonanza económica y pleno empleo. Y que todo lo anterior sería posible si la clase obrera estaba unida y fortalecida frente a la clase patronal y al aparato policial y represivo del Estado, unidad que consiguió la Asamblea.

Así, estuvo en condiciones de exigir al Gobierno -en 1918- que en la Junta de Subsistencia, ente estatal llamado a organizar la producción y distribución de alimentos, estuvieran representados en igual proporción obreros y patrones, lo que constituyó el primer intento histórico de cogestión de la economía. La estrategia les sirvió también para preparar, gracias a la concentración pública de fines de agosto de 1919, el escenario para el paro general de septiembre. El resultado fue un decreto gubernamental que creó la Junta de Conciliación de Conflictos, germen de la negociación colectiva.

La alimentación popular -vale decir, el pan de cada día- logró adquirir bajo la dirección de la AOAN una dimensión cívica, política y de interés nacional, que la situó en el centro mismo de la cuestión social, convirtiéndola en el talón de Aquiles del parlamentarismo. Es decir, en lo que arrastraría en pocos años a este régimen a su colapso como sistema político, haciendo posible que sectores sociales más amplios tuviesen participación y gestión en el Estado.


Mercado La Vega (vista de carretas abastecedoras). Archivo Museo Histórico Nacional

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(2) Federación de Obreros de Chile que, hasta entonces sólo representaba a obreros ferroviarios, tranviarios, hojalateros y gásfiters.

 
     
 

Extracto del Primer Memorial de la AOAN al Presidente de la República

"Excelentísimo señor:
La aspiración general del ser humano es mejorar su condición de vida; esto es una ley natural que las ciencias han demostrado en sus investigaciones, y a la cual debe rendir tributo toda colectividad de hombres, todo pueblo que no quiere ver rodar su dignidad nacional por la senda del decaimiento de su raza.
Un pueblo que tiene hambre, un pueblo que siente el aguijón de la miseria no responderá jamás a los llamados del patriotismo, ni podrá guardar respeto a los hombres e instituciones que cree son los causantes de su mal.
Las instituciones obreras de Santiago y del país en general, patriotas de por sí, porque trabajan en el levantamiento moral y material del pueblo que las forma, conocedoras del sentir popular, vienen en tocar el resorte constitucional para hacer oír su queja, para sentar su protesta si se quiere, por la falta de atención de los encargados de velar y defender la vida ciudadana.
No sólo se defiende la vida de un pueblo creando ejércitos y comprando buques; se defiende también, y en más alto grado, procurando a este pueblo alimentación barata, impulsando el progreso industrial, dando garantías de verdadera libertad en las fuentes de trabajo.
La grandeza de los países como Estados Unidos es debida, así nos lo dice su historia, a que allí se ha tomado como primer factor de engrandecimiento nacional la vida del pueblo, y esto no puede ser de otra manera, porque si los hombres que forman la nación son débiles y miserables, su conjunto, que es la República, también lo será".

 
Era la primera vez que la gente tenía la determinación de no cejar en su empeño mientras hubiera solución al tema del hambre. Como punto de partida estuvo la concentración del 22 de noviembre de 1918 en Santiago, que reunió entre 60 y 100 mil personas, lo que habría representado, en este último caso, nada menos que la cuarta parte de los habitantes de la ciudad.
 
Arqueólogo Autores del libro “La Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, un hito en la historia de Chile” (LOM Ediciones, Santiago 2002) que estudia el papel jugado por la clase obrera en la movilización de la sociedad civil chilena tras la Primeta Guerra Mundial y que fue desencadenante del proceso de cambio social y político desarrollado a partir de 1920. El presente artículo análisis y datos de dicha publicación.