En
el desarrollo de la publicidad el humor tiene un espacio
natural. Entre otras cosas porque
es inconcebible un publicista talentoso que carezca de sentido
del humor y de capacidad de síntesis. Son componentes
de la creatividad. Hoy, con herramientas prácticamente
ilimitadas, los creativos desarrollan piezas publicitarias
en la gráfica, la radio y televisión, dando
rienda suelta a su ingenio humorístico. Y con buenos
resultados. No citaremos ejemplos actuales... para no hacer
publicidad.
En los inicios de la publicidad en Chile, en el siglo
XIX, ni el humor ni la capacidad de síntesis eran
recursos muy utilizados. A poco andar, lejos del actual
desarrollo audiovisual y del marketing, la intuición
de los avisadores y editores detectó una suerte
de liderazgo de opinión en la popularidad de algunos
dibujantes. Sus chistes gráficos y sus ilustraciones
se habían ganado el aprecio de los lectores de las
nuevas revistas que empapelaron el centenario.
Nacía un nuevo tipo de periodismo y, con él,
la publicidad y el cómic. La búsqueda de
nuevos encantos para conquistar lectores y consumidores
llevó al humorismo gráfico a la publicidad.
Hubo avisos que hicieron época.
En Zig-Zag: gordito en bandeja
En Zig-Zag, entre 1905 y 1908, el momento de mayor popularidad
del dibujante Moustache (Julio Bozo) se debió a
su incursión en la publicidad. El producto a vender
era un alimento para niños, de nombre tan extraño
que desde la etiqueta ya parecía intragable: Tisphorine.
Cada semana el aviso traía una historieta cómica
diferente. Moustache promovía el alimento milagroso
sin descartar el uso del humor más negro. En una
de las historietas un grupo de caníbales le ofrenda
a su rey un niño blanco para la cena. Servido en
bandeja, el nene se ve flacuchento ante los ojos y el apetito
del monarca. Lo rechaza. Soportando estoicamente el capricho
real, los salvajes -en una demostración de que no
lo eran tanto- engordan a la víctima con exquisito
Tisphorine y vuelven donde el rey que, feliz, se come a
este niño tan bien alimentado.
No sabemos si con semejante argumento los niños
dieron su preferencia a Tisphorine, el caso es que este
aviso llegó a ser prácticamente una de las
secciones más esperadas y leídas por los
lectores de Zig-Zag o, en otras palabras, por los papás
que deseaban niños grandes y robustos. Como suele
suceder con la publicidad exitosa, la marca del alimento
fue tan recordada que se convirtió muy luego en
un apodo que debieron llevar con resignación casi
todos los gorditos de la época.
Moustache merece un espacio en la Historia de la Publicidad
en Chile. Fue un pionero en el uso del humor gráfico
cuando los avisos empezaban a ser parte de la armonía
y de la atracción de la revistas “modernas”.
Jorge Délano (Coke), que vivió la época
del Tisphorine, escribió en sus memorias que "jamás
se ha hecho una publicidad más eficaz de un alimento
que la realizada por Moustache".
En Topaze: gordito revolucionario
No sabemos si a Coke le gustó Tisphorine, pero sí que
le encantaron sus avisos y que, en cuanto tuvo revista
propia, hizo publicidad humorística. También
con gorditos.
Inmediatamente después de la caída de Ibáñez,
en 1931, Coke funda la revista Topaze el legendario “barómetro
de la política chilena”. En su primer número
publicita el Alimento Meyer, involucrando al avisador en
los contenidos de la revista (cosa que hoy difícilmente
aceptaría una agencia).
El aviso explica la contingencia política con una
balanza animada que representa a la opinión pública:
en uno de sus platos hay varios sables que simbolizan la
dictadura militar de Ibáñez. En el otro plato
de la balanza hay un niño sano y robusto que representa
a los "estudiantes" victoriosos. Obviamente el
gordito inclina la balanza, cuestión que merece
los siguientes versos:
"El secreto del triunfo
estudiantil
ante la fuerza que los combatía
tiene su origen de honda simpatía
les dió empuje cálido y viril
el ALIMENTO MEYER que consumían"
En Topaze el medio era el mensaje, haciendo del aviso
un chiste o una caricatura más de la revista. A
los personajes, políticos de la época, se
les atribuía mensajes que promovían restoranes,
gomina, sastrerías, analgésicos. Té Pandora,
las ollas Marmicoc, el Sorteo de boletas de compraventa,
Petróleo Petrizzio fueron promovidos con humor topacesco.
Los avisos los producía el mismo equipo de dibujantes
que ilustraba el resto de la publicación. No eran
de agencia. La revista en sí misma era un comité creativo.
Coke, Pepo, Pekén, Lugoze, Alhué, Lukas,
Hervi... los dibujantes más admirados hicieron algún
aviso en Topaze. En los ’60 las caricaturas dieron
paso a los personajes de tiras cómicas. Entre ellos
Libertito, por Alhué, de la Asociación de
Ahorro y Préstamo Libertad; y Don Precavido, de
Lukas, para el Banco del Estado.
El ejemplo lo siguieron otros productos. En la revista
Pichanga, 1948, Mono publica la tira Don Listón,
para publicitar la Barraca San Pedro.
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