Ir a Dibam Ir al Inicio
     
  ...HUMOR GRAFICO  
  >>02  
 

¿Dolor de cabeza?
Al genial aviso argentino de Geniol, con esa cabeza pinchada por alfileres, clavos y tornillos, en nuestras revistas se sumaban otros analgésicos. Aliviol, por ejemplo, con una ingeniosa serie dibujada por Pepo: en estaciones y puertos un triste y abandonado pretendiente se despedía de Dolores, una hermosa e inalcanzable huasita. ¡Adiós Dolores! Todo tenía remedio. Para mitigar las picazones estaba Mitigal y su personaje “Ramón” en otra tira dibujada por Pepo en la revista Toqui. El mismo autor hizo memorable la publicidad cómica para los sorteos de la Polla Chilena de Beneficencia (avisos especialmente divertidos para los lectores españoles).

Bien vestido, bien recibido
Las grandes tiendas, cuando no eran tan grandes, tuvieron “monitos” de gran popularidad. Es el caso de Falabella, con Falabelín, dibujado en El Cabrito por el gran Jorge Christie; y Falabelito, que aparecía en Barrabases con la gracia de Nato. Las desventuras de este chico, por supuesto, se solucionaban en cuanto se ponía un terno. La moraleja —que discriminaba a todos los pililos— hizo época: ¡bien vestido, bien recibido! También era elegante Don Guin-Guin, el flaco personaje que promocionaba las virtudes de la Sastrería Guinguis.

Otro producto que persistió con sus tiras publicitarias fue Bilz, con Don Bilz dibujado por Adduard, que nos recuerda a Don Fulgencio (el tierno hombre que no tuvo infancia del argentino Lino Palacios); y Bilzito, de Nato, en El Peneca y Barrabases, respectivamente.

Para los niños también era Copucha, el colegial, en El Mercurio. Junto a este personaje de los avisos de la Librería Colón Christie incluía su ratón y gato típicos, más algunos versos como éstos: "Me vuelvo a la capital / para seguir estudiando / La campana de la escuela / a todos está llamando". También era colegial Chiclito Filatélico, dibujado por Jimmy Scott que publicitaba el Chicle Filatélico Ópera.

El Peneca era del año de la cocoa si fuera por la publicidad que tenía la exquisita Cocoa Raff. Para ella, Osnofla hacía la viñeta "Dos Pelos y su abuelito". El medio era apropiado para este alimento, pero seguramente no lo era para promover el consumo de tabaco. Y lo hacía en los avisos de cigarrillos Polo que regalaban "lindas fotografías auténticas de artistas de la pantalla".

El romancero de Pipo
Si se trataba de vender cigarrillos, Enrique Cornejo (Penike), uno de los dibujantes más interesantes de nuestro humor gráfico, concibió una memorable publicidad para los fumadores. En los años ’30, cuando Penike trabajaba en la Compañía Chilena de Tabacos, conoció al poeta Alejandro Galaz: "el murciélago lírico". Juntos inventaron a Pipo, un monito doblemente popular no sólo porque publicitaba los cigarrillos "Populares", sino también porque "El romancero de Pipo" o "Piperías" se publicaba -como aviso- a lo largo de todo el país y en diferentes diarios, entre éstos: El Mercurio, La Unión y La Estrella, de Valparaíso; La Nación y El Diario Ilustrado, de Santiago; La Patria, de Concepción; y El Tamaya, de Ovalle. Junto al dibujo de Penike se destacaban —y no faltaban quienes los coleccionaban— los versos del poeta Galaz.

Hoy día el recurso humorístico se explota de una forma distinta. La poesía y la gráfica se expresan de otra manera. Hay pequeñas historias en los spots actuales que bien hubiesen podido ser historietas cómicas publicitarias. Como aquel premiado comercial de esa gotita de pegamento instantáneo: los chirridos de la mecedora de la abuela son insoportables hasta que alguien pone... una gotita... y la silla queda pegada para siempre. Esos comerciales, como los evocadores avisos de nuestras antiguas revistas, también se van quedando adheridos en la memoria como una canción, una moda, un peinado que nos cuentan la historia con la naturalidad de las personas comunes y corrientes.

subir

 
     
 
ROMEO Y JULIETA

¿Quieres un beso en la jeta?
Le dijo Romeo Pérez
seductor de cien mujeres
a la ojerosa Julieta.

-¡Cállate, bruto, caballo!
Déjate de esos excesos.
Un POPULARES lo hallo
mucho mejor que tus besos.

¿Qué tienes en la mirada?
dijo, de pronto, Romeo.
¡Dímelo, niña adorada,
porque lo veo... y no creo!

-¿Por qué me causas enojos?
¡Ay!, ¡qué insolente, qué tipo!
¿No ves que llevo en mis ojo
la dulce imagen de Pipo