¿Dolor de cabeza?
Al genial aviso argentino de Geniol, con esa cabeza pinchada
por alfileres, clavos y tornillos, en nuestras revistas
se sumaban otros analgésicos. Aliviol, por ejemplo,
con una ingeniosa serie dibujada por Pepo: en estaciones
y puertos un triste y abandonado pretendiente se despedía
de Dolores, una hermosa e inalcanzable huasita. ¡Adiós
Dolores! Todo tenía remedio. Para mitigar las
picazones estaba Mitigal y su personaje “Ramón” en
otra tira dibujada por Pepo en la revista Toqui. El mismo
autor hizo memorable la publicidad cómica para
los sorteos de la Polla Chilena de Beneficencia (avisos
especialmente divertidos para los lectores españoles).
Bien vestido, bien recibido
Las grandes tiendas, cuando no eran tan grandes, tuvieron “monitos” de
gran popularidad. Es el caso de Falabella, con Falabelín,
dibujado en El Cabrito por el gran Jorge Christie; y Falabelito,
que aparecía en Barrabases con la gracia de Nato.
Las desventuras de este chico, por supuesto, se solucionaban
en cuanto se ponía un terno. La moraleja —que
discriminaba a todos los pililos— hizo época: ¡bien
vestido, bien recibido! También era elegante Don
Guin-Guin, el flaco personaje que promocionaba las virtudes
de la Sastrería Guinguis.
Otro producto que persistió con sus tiras publicitarias
fue Bilz, con Don Bilz dibujado por Adduard, que nos recuerda
a Don Fulgencio (el tierno hombre que no tuvo infancia
del argentino Lino Palacios); y Bilzito, de Nato, en El
Peneca y Barrabases, respectivamente.
Para los niños también era Copucha, el colegial,
en El Mercurio. Junto a este personaje de los avisos de
la Librería Colón Christie incluía
su ratón y gato típicos, más algunos
versos como éstos: "Me vuelvo a la capital
/ para seguir estudiando / La campana de la escuela / a
todos está llamando". También era colegial
Chiclito Filatélico, dibujado por Jimmy Scott que
publicitaba el Chicle Filatélico Ópera.
El Peneca era del año de la cocoa si fuera por
la publicidad que tenía la exquisita Cocoa Raff.
Para ella, Osnofla hacía la viñeta "Dos
Pelos y su abuelito". El medio era apropiado para
este alimento, pero seguramente no lo era para promover
el consumo de tabaco. Y lo hacía en los avisos de
cigarrillos Polo que regalaban "lindas fotografías
auténticas de artistas de la pantalla".
El romancero de Pipo
Si se trataba de vender cigarrillos, Enrique Cornejo (Penike),
uno de los dibujantes más interesantes de nuestro
humor gráfico, concibió una memorable publicidad
para los fumadores. En los años ’30, cuando
Penike trabajaba en la Compañía Chilena
de Tabacos, conoció al poeta Alejandro Galaz: "el
murciélago lírico". Juntos inventaron
a Pipo, un monito doblemente popular no sólo porque
publicitaba los cigarrillos "Populares", sino
también porque "El romancero de Pipo" o "Piperías" se
publicaba -como aviso- a lo largo de todo el país
y en diferentes diarios, entre éstos: El Mercurio,
La Unión y La Estrella, de Valparaíso;
La Nación y El Diario Ilustrado, de Santiago;
La Patria, de Concepción; y El Tamaya, de Ovalle.
Junto al dibujo de Penike se destacaban —y no faltaban
quienes los coleccionaban— los versos del poeta
Galaz.
Hoy día el recurso humorístico se explota
de una forma distinta. La poesía y la gráfica
se expresan de otra manera. Hay pequeñas historias
en los spots actuales que bien hubiesen podido ser historietas
cómicas publicitarias. Como aquel premiado comercial
de esa gotita de pegamento instantáneo: los chirridos
de la mecedora de la abuela son insoportables hasta que
alguien pone... una gotita... y la silla queda pegada para
siempre. Esos comerciales, como los evocadores avisos de
nuestras antiguas revistas, también se van quedando
adheridos en la memoria como una canción, una moda,
un peinado que nos cuentan la historia con la naturalidad
de las personas comunes y corrientes.
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