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Antropólogo por Rodrigo Márquez


Para muchos el consumo es uno de los pocos ámbitos donde se moldean imágenes compartidas de integración social y donde se hacen experiencias prácticas de sociedad. Por ello, no basta con “satanizar” el consumo, es preciso conocer su vivencia y entender su significado profundo para los proyectos de vida de las personas.

 
 

La Publicidad juega un rol importante en la producción de los imaginarios de la sociedad, no hay duda al respecto. Es parte del conjunto de materiales simbólicos con los cuales construimos nuestra idea del mundo (de lo que está bien o mal; de lo que es posible o no, de nuestros sueños y de nuestros temores) en tal sentido es también parte del proceso de producción cultural

Si consideramos el aumento de la inversión publicitaria en la última década y la centralidad de los medios de comunicación, especialmente la televisión, debemos entonces rendirnos a la inevitable presencia de la publicidad en nuestras vidas cotidianas.
¿A quienes les habla la publicidad? Sabemos que la publicidad busca interpelar a las personas sólo en tanto estas se hacen visibles en el mercado como potenciales consumidores. Lo anterior, lo hace acotando al máximo los grupos sociales específicos que deben ser alcanzados con cada mensaje. En el apogeo de las distinciones, la publicidad apunta con profusión a las distinciones “horizontales” y mucho menos a las “verticales”, dejando a grupos importantes de la sociedad fuera de su espectro de acción y reconocimiento, situación que se expresa tanto en los modelos estéticos representados como en el abanico de experiencias escenificadas.

Al igual que la publicidad, el consumo es parte relevante de la vida de la mayoría de las personas y sin duda que al pensar en éste como un fenómeno social no es tan fácil despachar su significación con la simple descalificación hacia “el consumismo”. Para muchos el consumo es uno de los pocos ámbitos donde se moldean imágenes compartidas de integración social y donde se hacen experiencias prácticas de sociedad. Por ello, no basta con “satanizar” el consumo; es preciso conocer su vivencia y entender su significado profundo para los proyectos de vida de las personas.

La velocidad de los cambios culturales experimentados por la sociedad chilena ha desdibujado la pertinencia de los actuales mapas de sentido con que se agrupan a los consumidores. Diferentes investigaciones han buscado poner al día esas clasificaciones en busca de los “nuevos consumidores” chilenos; gran parte de la capacidad técnica de la investigación de mercados apunta a descubrir esas diferencias y segmentaciones. El Informe sobre Desarrollo Humano en Chile 2002, cuyo subtítulo es “Nosotros los chilenos, un desafío cultural” buscó asumir también este debate y proponer una manera de ir más allá de las clasificaciones basadas meramente en criterios objetivos de posicionamiento socioeconómico y orientadas solamente por las preferencias y conductas de compra, para intentar vincularlo a la construcción de sentidos personales y colectivos. El Informe PNUD, abordó la relación de los chilenos con el consumo como un elemento más de los que hoy copan el nuevo escenario de la producción de imaginarios culturales.

Del informe 2002 se desprende que existen diversas maneras de vivir y dar sentido al consumo en las vidas cotidianas de los chilenos. Tipológicamente puede trazarse un mapa en que se reconocen cuatro grupos marcados por tendencias particulares: (tipologías basadas en el análisis de la encuesta nacional PNUD 2002).

Consumir para sobrevivir
Al primer grupo se le puede llamar el del “Consumidor necesitado”. Si tuviéramos que resumir su particular aproximación al consumo diríamos que las personas de este grupo se identificarían con la frase “Yo consumo para sobrevivir”. Efectivamente este grupo destaca por permanecer fuera o a mucha distancia de la mayoría de las distinciones y segmentaciones a que nos invita la publicidad y las ofertas del mercado. Precisamente porque carece en gran medida de los recursos para “elegir” libremente entre opciones equivalentes, antes bien, este tipo de consumidores accede a lo mínimo, compra generalmente “lo que puede” y “cuando puede”. “¿Lleve tres y pague dos? Pero si apenas me alcanza para uno...” Son personas a quienes nunca les sobra plata más que para intentar cubrir sus necesidades básicas; por lo mismo siempre están obligados a sacar el mayor rendimiento de sus recursos comprando lo más barato y siempre de las mismas marcas que son las únicas a las que pueden acceder. Declaran no visitar los mall. En este grupo encontramos en mayor medida a personas del grupo socioeconómico bajo. Representan un 42% de la muestra.


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