Ir a Dibam Ir al Inicio
     
  ...MODELOS DE CONSUMO O CONSUMIDORES MODELOS  
  >>02  
 

Consumir para estar bien
Un segundo grupo identificado es aquél donde encontramos al llamado “Consumidor de bienestar” a quién podríamos definir con la frase: “yo consumo para estar mejor”. En este tipo de consumidor el acceso a bienes está relacionado con la oportunidad de acceder a mejores condiciones de vida. Se refiere a “pequeñas mejoras” que parecen estar al alcance de la mano; “una lavadora para que la vieja no se mate tanto en invierno”; “un televisor más grande para ver a la selección en el mundial”; “una computadora para que la hija pueda rendir más en el colegio”. Parecen ser pequeños proyectos en los cuales se asoma el deseo de concretar tanto sacrificio cotidiano también en satisfacciones visibles. Claro que todo esto hecho con sensatez. Si se puede bueno, si no se puede, no se va la vida en ello. Tampoco se trata de esclavizarse con deudas imposibles de pagar y vivir fuera de la realidad. “De a poco” se van teniendo las cosas que se quiere. En general deben hacer rendir al máximo su dinero y para ello buscan información y consejos en las otras personas antes de concretar sus compras. En este grupo se aprecia una mayor presencia de hombres y una leve tendencia hacia el sector socioeconómico bajo y a los residentes en las zonas rurales. Representan un 13% de la muestra.

Consumir para ser más
Al que hemos denominado “Consumidor existencial” lo representa la frase “yo consumo para SER más”. En general las personas que participan de esta orientación tienden a representar en el consumo sus logros vitales. En ellos su identidad de “ser” se refuerza en el “tener”. Buscan integración social a través de un consumo que represente el proyecto de vida que se han trazado; que de cuenta y proyecte hacia los otros los valores a los que se adhiere y el modo de vida del cual se participa; sin ser propiamente los “consumistas” del sentido común, su denominación “existencial” indica su búsqueda de distinción a través de la dimensión simbólica de los bienes. Para ellos, esta búsqueda no está exenta de tensiones, las que se actualizan tanto en las restricciones materiales (cuya contradicción máxima se expresa en que este grupo valora enormemente las marcas pero al mismo tiempo necesita privilegiar los precios bajos), como en las inseguridades simbólicas expresadas en la necesidad de consumir sólo marcas conocidas que le provean con cierta seguridad del reconocimiento social buscado. Para las y los consumidores existenciales la sensación culposa del “aparentar” puede ser tan fuerte como la imposibilidad siempre presente de no lograr realizar y mantener el consumo deseado. En este grupo encontramos una mayor presencia de personas del grupo socioeconómico medio y residentes urbanos de santiago. Representan un 19% de la muestra.

Consumir para gratificarse
Al cuarto grupo identificado lo denominamos el “Consumidor modelo” quién nítidamente se identificaría con la frase: “yo consumo para gratificarme”. ¿Por qué “modelo”? Porque es el que por sus características parece ser el ortador de los valores y disposiciones a los que el mercado y, por cierto la publicidad, interpelan más directamente. Sería aquél que mayor sintonía muestra con la lógica de la distinción y la elección racional entre opciones de consumo en función del despliegue consciente de un determinado estilo de vida. Efectivamente, los participantes de este grupo se orientan de manera decidida hacia la calidad, privilegiando las mejores marcas y las virtudes estéticas de lo que consumen por sobre el precio y la cantidad. Esto lo hacen sin una real tensión puesto que disponen efectivamente de los medios económicos para realizar sus opciones de consumo. Ello les entrega una mayor seguridad en sí mismos orientándose por “sus gustos” en las elecciones que realizan y no tanto por una mirada externa. En este grupo se aprecia una mayor presencia de personas del grupo socioeconómico medio y medio alto. Representa un 26% de la muestra. Este último dato resulta sorprendente por su gran peso relativo en el conjunto de la muestra. Parece plausible pensar que dentro de este grupo coexisten, por una parte aquellos que por sus capacidades económicas pueden realizar efectivamente su rol de consumidores modelos y, por otra parte, aquellos que no disponiendo de los medios reproducen un discurso en tal sentido, dando cuenta de su aspiración a realizar ese modo ideal de participar en la sociedad de consumo, pero ubicándose a medio camino sin contar con la capacidad plena para respaldar ese imaginario con conductas efectivas.

La búsqueda del insight
¿Qué responsabilidad tiene la publicidad en la conformación de estos imaginarios? Ciertamente no se trata de situaciones mecánicas ni uniformes. La publicidad no puede ser observada como mera propaganda que es recibida acríticamente por las personas. Justamente lo contrario, la publicidad está cada vez más preocupada de acercarse a la manera en que a las personas les hace sentido escucharla. Para ello, cada vez más debe apelar a la verdad, a la proximidad y a la plausibilidad del lenguaje que utiliza y de los roles que escenifica. Como se dice actualmente, debe ir a la búsqueda del “insight” que le ponga nombre a nuestros deseos y angustias, algunas veces en términos positivos como cuando nos sentimos interpretados (“yo te entiendo”) y a veces también en términos negativos, como cuando el insight nos toca donde nos duele casi en el límite del chantaje (“¿porqué otros sí y tú no?”).

Lo que queda claro es que la publicidad no busca hablarle a todos los tipos de consumidores reseñados aquí. Por cierto que para un grupo importante de la sociedad, la publicidad representa una invitación al consumo que les hace sentido en algún aspecto. Pero también hay muchos (si es que no la mayoría) para quienes la publicidad (y los productos que presentan) sólo puede ser “ruido” o parte de la misma entretención buscada en los medios, dado que no refiere a un reclamo respecto del cual puedan sentirse destinatarios. La publicidad, para estos grupos, al mismo tiempo que les habla de una realidad ajena (la variada oferta actualmente disponible) les da una oportunidad de participar de alguna manera en esa misma realidad, aunque sea a través de las meras conversaciones a que puede dar lugar. La publicidad entonces tendría menos efectos en su “dimensión económica” y mucho más en su “dimensión cultural”.

En fin; es claro que la publicidad no le habla a todos por igual y deja fuera de su campo de visión y representación a grupos grandes de la sociedad. ¿Es esto reprochable? Ciertamente no. Los publicistas exitosos (los reconocidamente creativos y rentables) tienen muy claro que el fin de la publicidad no es ganar premios en festivales ni encantar a las personas, ni menos reconstruir sentidos sociales sino ayudar a que un determinado producto se venda; Por ello, más que un reproche a la publicidad misma, dicha constatación es una muestra más de los enormes desafíos de integración social que como sociedad aún tenemos por delante.


subir