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Antropólogo por Oscar Aedo


Los cigarrillos que humeaban entre los dedos ásperos de los pampinos calicheros, desdibujando sus rostros curtidos, se preservaron en la prosa de Andrés Sabella, Homero Bascuñán, Mario Bahamondes y Hernán Rivera Letelier.
Los mineros dejaban sus cajetillas abandonadas en las ya míticas oficinas salitreras. Desde allí el autor de este artículo rescató más de 500 envoltorios.
He aquí algo de esa arqueología de nombres evocadores y ricos diseños, que se hizo humo junto con la época dorada del salitre.

 
 

nombres como La Belleza, Americanos, Garibaldi, Vencedores, El Negro, Especiales Joutard, La Favorita, Cigarrillos Faro, El Buen Roto, Ganga, La Llapa, Compadre, Populares o Napoleón, fueron algunas de las primeras marcas de cigarrillos de producción nacional. La data de los envases hallados en las salitreras se estima entre 1860 y 1935. Además de las chilenas se encontraron cajetillas peruanas, cubanas y en menor medida, inglesas, norteamericanas, bolivianas y francesas.

Hasta 1886 el tabaco se vendía en atados. Es la invención de la máquina de liar cigarrillos, creada por el norteamericano James Bonzak, la que permitió la irrupción del paquete de cigarrillos armados que ha permanecido casi invariable hasta nuestros días.

Los cambios en el diseño y la gráfica se fueron sucediendo desde finales del siglo XIX como una forma de captar la atención del consumidor, proteger el contenido y evitar las imitaciones. Las primera cajetillas se imprimieron en blanco y negro, sobre papeles de tonos claros y con un diseño simple. A partir de 1880, sin embargo, comenzó a utilizarse la técnica de la cromolitografía, que permitía la combinación de hasta 14 colores, incluyendo relieves y dorados. La importancia de crear envoltorios atractivos para el consumidor se refleja en los diferentes diseños de estas cajetillas, y también en los nombres o marcas de éstas. Cualquier suceso significativo de la vida nacional, o los personajes destacados del mundo político, artístico, deportivo, científico o social eran grabados en los envoltorios: paisajes, alegorías patrióticas, construcciones destacadas, seres mitológicos, y la mujer, siempre la mujer, se hallaban impresas en las cajetillas de los cigarrillos nacionales e importados. En estos diseños se refleja algo de la historia de esa época, las ideas y las modas en boga: los comienzos del cine, con las estrellas más populares; Pola Negri, el cowboy Tom Mix y Tarzán; los pioneros de la aviación; o el apogeo del boxeo a través de la figura legendaria del púgil Arturo Godoy.

Algunos de los nombres de los cigarrillos de esta época resultan hoy muy curiosos, sin embargo reflejan la moda de aquellos años: El Cuyanito, Compadre, El Carabinero, Naval, Galante, El Soltero, El Negro Bueno, El Negro Pije, El Negro Pobre, Avión, Cine, Naval, La Opinión, La Belleza. Otros utilizan el gancho de la mujer: Carmen, La Santiaguina, Yolanda, María Luisa. Otros más enigmáticos como los Ratanpuro bajo cuyo nombre se lee: "La Flor de los Tabacos y de los Tees". El nombre evoca un exótico lugar en la India, de donde proviene el té, pero no es así. En un pequeño impreso encontrado también en un basural del desierto vemos una rata fumando y junto a ella este eslogan: “este cigarrillo es legítimo siempre que lleve en su etiqueta la recomenación del té ratanpuro”.

Un golpe de suerte
Eran otros tiempos, indudablemente, y la industria tabaquera no escatimaba recursos para atraer nuevos consumidores. Es así como la famosa marca norteamericana Lucky Strike, contrató en 1927 los servicios del prestigioso diseñador francés Raymond Loewy (creador de la botella de Coca-cola y del logo de Shell), a quien debemos la cajetilla de los “Golpe de suerte” tal como la conocemos hoy. Esto, más el inspirado slogan creado por el fabricante “cambia un caramelo por un Lucky, este último no engorda”, logró incrementar las ventas de Lucky Strike de manera espectacular.

En Chile sucedió algo similar, y cual más cual menos, cada fabricante trataba de crear una frase que alabara la calidad de su producto. Leemos entonces en el cigarrillo Marca Chancho, encontrado de preferencia en los basurales de la Oficina Pampa Unión, "Rehusad indignados las imitaciones siempre aconsejadas por el interés". Otros, como los importados en forma exclusiva para la Oficina Salitrera de Pisagua, suplicaban al cliente que destruyera de inmediato el envoltorio una vez consumidos los cigarrillos, porque algunos tramposos utilizaban los envases vacíos para vender falsificaciones. Esto último llevó a que los fabricantes más importantes, como los de las grandes fábricas de La Habana, Santiago, Iquique y Valparaíso, imprimieran envases con los más intrincados diseños que incluían filigranas, volutas, filetes, trazos y dibujos muy detallados, de tal modo de hacer difícil su imitación, llegando algunos de ellos a parecer billetes.

Cigarrillos patriÓticos
Durante y después de la Guerra del Pacífico las marcas de cigarrillos relacionadas con la conflagración entre Chile, Perú y Bolivia proliferaron. Yungay, Guardia Nacional, La Patria, Por la razón o la Fuerza, Almirante Latorre, se vendían profusamente en el país, en tanto que en el Perú, los cigarrillos marca Grau y Tacna, eran muy populares. Mientras Chile mantuvo en su poder el territorio de Tarapacá, que incluía Tacna y Arica, los envases de cigarrillos traían diseñados los escudos de ambos países.

Cigarrillos higiÉnicos
La Compañía Chilena de Tabacos, nacida de la fusión de las cuatro fábricas más grandes de Valparaíso, lanzó hacia mediados de los años 30 una marca de "cigarrillos higiénicos" que llamó Eucaliptus, en los que un médico de un importante laboratorio químico aseguraba en cuatro idiomas: "Los cigarrillos Eucaliptus, por la pureza de su tabaco son aptos y muy recomendables para los enfermos de tisis, asma y bronquitis".

Las cosas han cambiado, y si hoy sabemos que el tabaco es dañino para la salud, a pesar de las recomendaciones del médico de los “cigarrillos higiénicos”, hay que recordar que el trabajo de artistas, litógrafos, grabadores, dibujantes y el de campesinos y obreros de las fábricas de Chile está representado en estos envases antiguos.

Viejos restos de papeles, pero también un invaluable patrimonio cultural del país, que vale la pena haber reunido y conservado hasta hoy. Son envases destinados a arrojarse a la basura después de haber contenido y guardado su producto, pero gracias a su conservación las generaciones actuales y futuras pueden conocer algo más de nuestra historia. Independientemente de si es perjudicial para la salud, este producto de consumo masivo ha sido parte de nuestra cultura y sus marcas y envases reflejan de alguna manera nuestra identidad.

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“(...) Tras beberse un tacho de té bien amargo, acerca el rostro a la cocina de ladrillos y enciende su segundo Yolanda del día (el primero se lo fuma en la cama y a oscuras). Acodado en la mesa desnuda, deja pasar entonces los minutos que faltan fumando parsimoniosamente, mientras contempla el rostro de la mujer dibujado en la cajetilla de cigarrillos.

A sus cincuenta y siete años, Olegario Santana nunca ha visto una mujer de verdad con un rostro tan bello como ese. Además, no entiende por qué diantres el sólo nombre Yolanda le trae la imagen de una mujer fatal, una de esas hembras desmelenadas de pasión que evocan los viejos en las calicheras mientras trituran piedras bajo un sol tan ardiente como sus delirios.”

Hernán Rivera Letelier
Santa María de las Flores Negras
Seix Barral Biblioteca Breve
Santiago de Chile, 2002

En el envase de los cigarrillos Marca Chancho, puede leerse el siguiente slogan:
"Rehusad indignados las imitaciones siempre aconsejadas por el interés”

He aquí una curiosidad publicitaria. Se trata nada menos que de cigarrillos confeccionados con Cannabis Indica. En un aviso aparecido en el diario El Ferrocarril (1875) puede leerse lo siguiente: “Las propiedades del principio activo del cáñamo de Bengala que contienen nuestros cigarrillos, son tan admirables, que apenas se han respirado unas bocanadas de su humo, se nota ya mayor facilidad en la respiración, menos ahogos, en una palabra, un alivio tan completo como rápido e inofensivo, pues nuestros cigarrillos no contienen principio tóxico alguno...”

Antropólogo Oscar Aedo. es Periodista e Investigador.