nombres
como La Belleza, Americanos, Garibaldi, Vencedores, El Negro,
Especiales Joutard, La Favorita, Cigarrillos Faro, El Buen
Roto, Ganga, La Llapa, Compadre, Populares o Napoleón,
fueron algunas de las primeras marcas de cigarrillos de
producción nacional. La data de los envases hallados
en las salitreras se estima entre 1860 y 1935. Además
de las chilenas se encontraron cajetillas peruanas, cubanas
y en menor medida, inglesas, norteamericanas, bolivianas
y francesas.
Hasta 1886 el tabaco se vendía en atados. Es la
invención de la máquina de liar cigarrillos,
creada por el norteamericano James Bonzak, la que permitió la
irrupción del paquete de cigarrillos armados que
ha permanecido casi invariable hasta nuestros días.
Los cambios en el diseño y la gráfica se
fueron sucediendo desde finales del siglo XIX como una
forma de captar la atención del consumidor, proteger
el contenido y evitar las imitaciones. Las primera cajetillas
se imprimieron en blanco y negro, sobre papeles de tonos
claros y con un diseño simple. A partir de 1880,
sin embargo, comenzó a utilizarse la técnica
de la cromolitografía, que permitía la combinación
de hasta 14 colores, incluyendo relieves y dorados. La
importancia de crear envoltorios atractivos para el consumidor
se refleja en los diferentes diseños de estas cajetillas,
y también en los nombres o marcas de éstas.
Cualquier suceso significativo de la vida nacional, o los
personajes destacados del mundo político, artístico,
deportivo, científico o social eran grabados en
los envoltorios: paisajes, alegorías patrióticas,
construcciones destacadas, seres mitológicos, y
la mujer, siempre la mujer, se hallaban impresas en las
cajetillas de los cigarrillos nacionales e importados.
En estos diseños se refleja algo de la historia
de esa época, las ideas y las modas en boga: los
comienzos del cine, con las estrellas más populares;
Pola Negri, el cowboy Tom Mix y Tarzán; los pioneros
de la aviación; o el apogeo del boxeo a través
de la figura legendaria del púgil Arturo Godoy.
Algunos de los nombres de los cigarrillos de esta época
resultan hoy muy curiosos, sin embargo reflejan la moda
de aquellos años: El Cuyanito, Compadre, El Carabinero,
Naval, Galante, El Soltero, El Negro Bueno, El Negro Pije,
El Negro Pobre, Avión, Cine, Naval, La Opinión,
La Belleza. Otros utilizan el gancho de la mujer: Carmen,
La Santiaguina, Yolanda, María Luisa. Otros más
enigmáticos como los Ratanpuro bajo cuyo nombre
se lee: "La Flor de los Tabacos y de los Tees".
El nombre evoca un exótico lugar en la India, de
donde proviene el té, pero no es así. En
un pequeño impreso encontrado también en
un basural del desierto vemos una rata fumando y junto
a ella este eslogan: “este cigarrillo es legítimo
siempre que lleve en su etiqueta la recomenación
del té ratanpuro”.
Un golpe de suerte
Eran otros tiempos, indudablemente, y la industria tabaquera
no escatimaba recursos para atraer nuevos consumidores.
Es así como la famosa marca norteamericana Lucky
Strike, contrató en 1927 los servicios del prestigioso
diseñador francés Raymond Loewy (creador
de la botella de Coca-cola y del logo de Shell), a quien
debemos la cajetilla de los “Golpe de suerte” tal
como la conocemos hoy. Esto, más el inspirado
slogan creado por el fabricante “cambia un caramelo
por un Lucky, este último no engorda”, logró incrementar
las ventas de Lucky Strike de manera espectacular.
En Chile sucedió algo similar, y cual más
cual menos, cada fabricante trataba de crear una frase
que alabara la calidad de su producto. Leemos entonces
en el cigarrillo Marca Chancho, encontrado de preferencia
en los basurales de la Oficina Pampa Unión, "Rehusad
indignados las imitaciones siempre aconsejadas por el interés".
Otros, como los importados en forma exclusiva para la Oficina
Salitrera de Pisagua, suplicaban al cliente que destruyera
de inmediato el envoltorio una vez consumidos los cigarrillos,
porque algunos tramposos utilizaban los envases vacíos
para vender falsificaciones. Esto último llevó a
que los fabricantes más importantes, como los de
las grandes fábricas de La Habana, Santiago, Iquique
y Valparaíso, imprimieran envases con los más
intrincados diseños que incluían filigranas,
volutas, filetes, trazos y dibujos muy detallados, de tal
modo de hacer difícil su imitación, llegando
algunos de ellos a parecer billetes.
Cigarrillos patriÓticos
Durante y después de la Guerra del Pacífico
las marcas de cigarrillos relacionadas con la conflagración
entre Chile, Perú y Bolivia proliferaron. Yungay,
Guardia Nacional, La Patria, Por la razón o la Fuerza,
Almirante Latorre, se vendían profusamente en el
país, en tanto que en el Perú, los cigarrillos
marca Grau y Tacna, eran muy populares. Mientras Chile
mantuvo en su poder el territorio de Tarapacá, que
incluía Tacna y Arica, los envases de cigarrillos
traían diseñados los escudos de ambos países.
Cigarrillos higiÉnicos
La Compañía Chilena de Tabacos, nacida de
la fusión de las cuatro fábricas más
grandes de Valparaíso, lanzó hacia mediados
de los años 30 una marca de "cigarrillos higiénicos" que
llamó Eucaliptus, en los que un médico de
un importante laboratorio químico aseguraba en cuatro
idiomas: "Los cigarrillos Eucaliptus, por la pureza
de su tabaco son aptos y muy recomendables para los enfermos
de tisis, asma y bronquitis".
Las cosas han cambiado, y si hoy sabemos que el tabaco
es dañino para la salud, a pesar de las recomendaciones
del médico de los “cigarrillos higiénicos”,
hay que recordar que el trabajo de artistas, litógrafos,
grabadores, dibujantes y el de campesinos y obreros de
las fábricas de Chile está representado en
estos envases antiguos.
Viejos restos de papeles, pero también un invaluable
patrimonio cultural del país, que vale la pena haber
reunido y conservado hasta hoy. Son envases destinados
a arrojarse a la basura después de haber contenido
y guardado su producto, pero gracias a su conservación
las generaciones actuales y futuras pueden conocer algo
más de nuestra historia. Independientemente de si
es perjudicial para la salud, este producto de consumo
masivo ha sido parte de nuestra cultura y sus marcas y
envases reflejan de alguna manera nuestra identidad.
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