El publicista
y teórico Marcal Moliné afirma que el primer
publicista de la historia bien pudo ser el mismísimo
Demonio, cuando en forma de serpiente le dijo a Adán
y Eva, allá en el viejo Paraíso: “El
día que comiereis de este árbol seréis
como Dios, conocedores del bien y del mal”. El maléfico “pudo
ofrecer sabor, o salud, pero prometió libertad y poder”.
Ya conocemos el éxito que le reportó la estratagema.
La publicidad más que con productos, trabaja con
los sueños, una idea que también comparte
Mario Lübbert, quien nos recibió en su oficina,
en medio de ese aire de aséptica maqueta ultramoderna
de la Ciudad Empresarial. Conversamos de los cambios de la
sociedad chilena y su forma de relacionarse con el consumo
y la publicidad.
¿Cuándo
cambia la película?
Yo diría desde al año 75, cuando el país
se abre y deja de soñar, porque de alguna manera
los sueños se tangibilizan en cosas. En la época
de la revolución de las flores el que tenia un jeans
Lee era el astro del pueblo, pero era uno y el que tenía
una moto también era uno. En el año 75 se
abre el mercado, empieza a aparecer todo el mundo de la
oferta electrónica, la música, los televisores,
los autos. Llegando a los ochenta este era un país
de indios con espejo nuevo, estábamos deslumbrados,
se vendían los autos porque venían alfombrados.
Una tienda hace treinta años atrás tenía
máximo 150 productos. Hoy día uno entra a
un supermercado y hay 12.000 productos. Hemos pasado por
todas. Primero fue la novedad, luego esa novedad se ha
ido transformando en una especie de orgía.
Hay
quien plantea que todo ese espacio que ocupaban las utopías,
las ideologías, los grandes sueños
orientados al futuro, los heredó la publicidad,
y que la fábrica de sueños que alguna vez
estuvo a cargo del Estado hoy estaría a cargo de
la publicidad.
Esa teoría no es válida. Y te voy a decir
por qué. La publicidad trabaja con la palabra y
con la imagen, pero metiéndose en un discurso que
va caminando. Creo que el cine es mucho más poderoso
que la publicidad, logra marcar tendencias, es el que indica
que ropa ponerse, que cigarrillo fumar, que trago tomar,
a qué lugares ir, como enamorar a una mujer.
Basta que un personaje como Lady Di, aparezca en la escena
como el prospecto de princesa de Gales, con su clásico
peinado, para que inmediatamente miles, millones de mujeres
de todo el mundo empiecen a peinarse de esa manera; eso
no es publicidad. En las películas exitosas, en
Internet, ahí están las tendencias. Sorpresivamente,
los niños en su chateo empiezan e escribir de otra
manera. La publicidad se agarra de ahí, de los primeros
síntomas, de esos signos.
¿No
estaremos subestimando la capacidad de persuasión
de la publicidad?
Con la publicidad la gente puede reír, puede llorar
o encontrarla fome, pero tiene una opinión con respecto
al tema. Frente a estas tendencias de las que te hablo
no tiene mucha opinión, se las come enteritas. La
publicidad usa estas tendencias y las refuerza, se sube
al carro de este discurso que va trescientos kilómetros
por hora y lo hace suyo. Entonces, achacarle a la publicidad
las maniobras... porque la publicidad da para todo, para
los cambullones, las encerronas... La publicidad sólo
acentúa estas tendencias y las hace públicas.
La publicidad es un puente entre los productos y los consumidores.
Pero
la publicidad vista a su vez como un producto, tiene
su propio mercado, sus consumidores. Mucha gente que
no puede acceder a los productos porque no tiene plata
o porque vive en lugares apartados, consume la publicidad
pero no los productos que ésta ofrece.
Ese es un tema muy bonito. Evidentemente, hay gente que ve publicidad de productos
que no puede comprar.
...o que no le
interesa comprar.
Claro, porque no son parte de su cuento, pero el ojo, de ese pescador, de ese
campesino no es el mismo, cambió su estética. En la década
del setenta toda la gente iba al estadio con una radio portátil chiquita
forrada en cuero, era la estética de esa época, una estética
bastante burda. ¿Cómo es el equipo de música hoy día?
Ya no es una cosa con el cuero, es una cosa con los brillos y la opacidad, con
el negro. La radio portátil ahora parece una nave espacial. Aunque la
gente modesta no pueda acceder a todos los productos que el mercado ofrece, por
un problema de plata, su ojo, sin embargo, está preparado para poder acceder
en cualquier momento. El ojo aprende estéticamente y también en
velocidad, a través del cine, de los spots. Al ojo le gustan las imágenes.
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