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Antropólogo por Olaya Sanfuentes

Convencido de que llegaba a las Indias Orientales, Colón tuvo que esforzarse para hacer calzar en su mente lo que realmente veía, con lo que se suponía que debía ver. Es por eso que sus descripciones abundan en cíclopes, belicosas amazonas, feroces caníbales, y demás seres extravagantes propios de la imaginería medieval.

 
 
Cristóbal Colón es heredero de la tradición medieval de viajeros que parten hacia Oriente en búsqueda de aventuras, riquezas, maravillas y pueblos que cristianizar. Sabía de los mundos fabulosos de las Indias tan preciadas y había leído muchos de los relatos de viajes reales e imaginarios que circulaban con éxito en la Europa de fines del siglo XV. Es parte de una Europa que tenía sus expectativas puestas en el encuentro con mundos mejores que se ubicaban en los confines del orbe. La llegada a estas tierras era una odisea, muchas veces un desafío a los designios divinos, según algunos, pero el premio final que coronaba la osadía de la aventura. En este sentido, Colón es un hombre medieval. Pero, al mismo tiempo, el futuro almirante participa de algunas de las características de una época que se asoma, nuevos tiempos en que el mundo europeo se encanta con el valor de la experiencia y la comprobación. Una incipiente actitud científica, que se traduce en una curiosidad creciente entre los europeos, seduce a muchos, entre ellos a Cristóbal Colón. Adelantos técnicos y astronómicos, junto con un mayor comercio de puerto en puerto que resulta en representaciones geográficas más precisas que los hasta entonces emblemas religiosos del mundo, se unen a un mejoramiento en las condiciones de navegación. Todos estos elementos van dotando de más confianza a los marineros de finales del siglo XV. Esta doble mentalidad, la soñadora, fantasiosa y expectante del encuentro con mundos ricos y fabulosos, junto con la adquisición de ciertos conocimientos que le hacen tener más certeza frente a la naturaleza, son los que animan a Cristóbal Colón a emprender su viaje hacia las Indias.

Las ideas colombinas acerca de la distancia que separaría Asia de Europa le harían pensar que había llegado finalmente al objetivo de su viaje y todo lo que se cruzara por su camino debía ser interpretado con los códigos de lo entonces concebido como oriental. A pesar de que la geografía del continente americano se le mostraba diferente y única, el almirante se esforzaría por acomodarla y amoldarla a los formatos que le convenían para justificar su llegada a Oriente. Por esta razón, Cristóbal Colón terminó sus días pensando que efectivamente había llegado a las tierras que tanto anhelaba, que había llegado al Oriente. Sus descripciones están plagadas de lugares que aluden al extremo oriental de Asia, así como a supuestas especias y riquezas que encontraba en las tierras conquistadas y a pueblos de características monstruosas o al menos muy diferentes a las europeas. América nacía ligada a los mundos orientales.

Uno de los escenarios donde podemos apreciar el lente medieval colombino es en su descripción de los habitantes del Nuevo Mundo: "Entendió también que lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían a los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura."(1) Luego relataba Colón que le habrían avisado de unas tierras donde la gente tenía un ojo en la frente,(2) y de un lugar donde las personas nacen con cola.(3) También contaba de una isla donde la gente nunca tenía cabello, pero era una tierra rica en oro.(4) A pesar de que él, personalmente, nunca vio los seres fabulosos que describió, el viaje a Oriente debía contener el encuentro con seres diferentes para legitimarse como tal. Todos estos seres se suponía que habitaban los confines del mundo, y las autoridades clásicas y medievales habían hablado con certeza de su existencia.


Desembarco de Colón en América. Sala Medina, Biblioteca Nacional.


Cristóbal Colón creyó encontrar a las legendarias amazonas durante su primera navegación a la isla de Matinino o Martinica e incluso dice haber visto a diez de ellas, "de singular denuedo y robustez; gruesas por extremo y sin embargo agilísimas".(5) En otros de los relatos colombinos, el genovés relata que “ellas no usan ejercicio femenil, salvo arcos y flechas”.(6) Colón había leído a Marco Polo, por lo que no es extraño que en sus descripciones de estas tierras, que él creía orientales, pensara en la antigua fábula de una isla poblada de mujeres con su contrapartida, la isla Macho de los varones: ..."sepan que la primera isla de las Indias más llegada de España es toda población de mujeres sin ningún hombre, y su trato no es femenil, salvo usar armas y otros ejercicios de hombre. A esta isla llaman Matenino, a la segunda Caribo...(7)
Cristóbal Colón fue el primero que introdujo la palabra caníbal en un texto europeo y lo ligó con la práctica de la antropofagia. El ejercicio mental que hizo el genovés fue traducir el nombre que los arawaks tenían para sus enemigos (cariba), influido por una tradición europea: Plinio había dicho que había hombres con cabeza de perro (can) que eran feroces comedores de carne humana. Otra posibilidad es que Colón haya pensado que estos caníbales eran los hombres del Gran Khan, que fonéticamente sonaba parecido. En cualquiera de los dos casos se asocia una tradición europea con la práctica de la antropofagia y se crea un nuevo pueblo, los caníbales americanos. Primero la palabra, luego la realidad y se forma una leyenda del caníbal americano que se transmite en el tiempo y en el espacio.(8)

Ejemplos de descripción de prácticas antropófagas hay muchos en la historia del descubrimiento y conquista de América. A pesar de que con Colón asistimos al origen de este pueblo, él nunca los vio personalmente. En su primer viaje se enteraría de la existencia de ellos por las noticias que recibió de los arawaks. De una tierra llamada Bohío, éstos le contaron "que era muy grande y que avía en ella gente que tenía un ojo en la frente, y otros que se llamaban caníbales, a quien mostravan tener gran miedo; y des que vieron que llevan este camino, diz que no podían hablar, porque los comían y que son gente muy armada".(9) Más adelante continuaría mencionando a estos pueblos: "Toda la gente que hasta oy he hallado diz que tiene grandísimo temor de los Caniba y diz que viven en esta isla de Bohío... y dezían que no tenían sino un ojo y la cara de perro..."(10) Como se puede, apreciar tras la lectura de esta cita el peso de la tradición y las imágenes que se tenía del Oriente y los monstruos que la poblarían eran fuerte en la mente colombina. Efectivamente, se creía que en zonas alejadas de las Indias había pueblos con cara de perro que comerían carne humana, los cinocéfalos. Colón mezcló la tradición con lo que escuchó de los arawaks y creó así la figura del caníbal.

En su segundo viaje, relataba Colón lo siguiente: ... "y supe que todas estas islas heran de caníbales y pobladas desta gente que a la otra come, como verá y sabrá V.AL... también me decían por palabras y señas cómo le habían comido los maridos, y a otras los hijos y hermanos, y las hacían que de ellas mismas de ellos comiesen... los engordan como hacen en Castilla a los capones para comer en fiesta".(11) En este segundo viaje a las Indias pasó por un pueblo abandonado, donde descubrió, según él, evidencia de una fiesta antropófaga. La escena es descrita por Pedro Mártir, como un escenario lleno de cuerpos desmembrados, pedazos de cuerpo hirviendo en calderos, sangre fresca por todas partes, y cabezas colgando de los árboles. La imagen tenebrosa se complementa con el relato que hace el doctor Chanca, quien iba a bordo de la tripulación durante el segundo viaje colombino: ..."allí se halló en una casa cociendo en una olla un pescuezo de hombre".(12) Con estas horrorosas descripciones, los caníbales se hicieron famosos y las imágenes describiendo esta misma escena se convirtieron en un verdadero icono que proliferó en las imprentas europeas. Los caníbales irían así perdiendo su legendaria cabeza de perro, con la cual habían sido representados en el arte medieval, para encarnar a las tierras americanas, como símbolo de este nuevo continente. Si bien el siglo XVI es el de los grandes descubrimientos geográficos, adelantos técnicos y científicos, una mentalidad medieval todavía anima a los contemporáneos que sueñan con seres maravillosos y mundos mejores. La travesía de Cristóbal Colón a las tierras americanas, si bien inaugura una nueva época, es quizás el último viaje medieval.

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(1) Colón, Cristóbal, Textos y Documentos., Op.Cit, pág. 131.
(2) Colón, Cristóbal, Op.Cit, pág. 142.
(3) Colón, Cristóbal, Op.Cit, pág. 223.
(4) Colón, Cristóbal, Op.Cit, pág. 234.
(5) Weckmann, Luis, Op.Cit, pág.74
(6) Colón, Cristóbal, La Carta de Colón. Anunciando el Descubrimiento, Edición de Juan José Antequera Luengo, Alianza Editorial, Madrid, 1992, pág. 52.
(7) Colón, Cristóbal, Textos y Documentos Completos., Op.Cit., pág. 234.
(8) “First the word, then the object: it was in this inmutable order that the Columbian legend of the Canibal was transmitted and orchestrated”, Lestringant, Frank, Cannibals. The Discovery and Representation of the Cannibal from Columbus to Jules Verne., Polity Press, Cambridge, 1997, pág. 33.
(9) Colón, Cristóbal, Textos y Documentos., Op.Cit, pág. 131.
(10) Colón, Cristóbal, Op.Cit, pág. 145
(11) Colón, Cristóbal, Op.Cit, pág. 237.
(12) Carta del doctor Chanca en Gutiérrez, Antonio, América, Descubrimiento de un Nuevo Mundo. Ediciones Istmo, Madrid, 1990, pág. 185.



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Uno de los escenarios donde podemos apreciar el lente medieval colombino es en su descripción de los habitantes del Nuevo Mundo: "Entendió también que lejos de allí había hombres de un ojo y otros con hocicos de perros que comían a los hombres, y que en tomando uno lo degollaban y le bebían la sangre y le cortaban su natura".
 
 
Historiador Olaya Sanfuentes Doctorada en Historia.