Quizá sea en el prefacio o prólogo de la primera edición de los Cuadros de la Naturaleza, donde mejor pueda comprenderse la idea con la que Alejandro de Humboldt elaboró esta obra que ambicionaba compatibilizar el arte y la ciencia en una síntesis nueva:
“Ofrezco con temor al público una serie de trabajos cuyo pensamiento nació en mi espíritu ante las grandes escenas de la naturaleza, en el océano, en medio de los bosques del Orinoco y de los llanos de Venezuela, en las montañas desiertas de Perú y de México. Algunos fragmentos fueron escritos en los mismos lugares; de manera que después no he tenido más que reunirlos. Contemplar el conjunto de la naturaleza, maravillarse con la acción común de todas las fuerzas que la animan, revivir el goce que la vista de las regiones tropicales hace experimentar al hombre sensible, tal es el fin al que yo aspiro. Cada uno de estos cuadros debería por sí solo componer un conjunto, y en todos debería sentirse una única tendencia. Esta aplicación de la estética a los objetos de historia natural ofrece, a pesar de la poderosa energía y la flexibilidad de la lengua alemana, grandes dificultades de composición. La riqueza de la naturaleza invita a acumular imágenes, y esta acumulación perturba la calma y la impresión general del cuadro. El estilo que se utiliza para la expresión del sentimiento y de la fantasía degenera a menudo en declamaciones poéticas. Estas ideas no tienen necesidad de desarrollo; las páginas que siguen suministran bastantes ejemplos de estos desvaríos y debilidades.
Pueden, a pesar de estas imperfecciones, mis Cuadros de la naturaleza, lo que me es más fácil, yo lo confieso, criticar que corregir, proporcionar a los que los lean una parte de los goces que causa a toda alma sensible la contemplación inmediata de las grandes escenas que allí se representan.
En todas partes me dejé llevar por la influencia eterna que la naturaleza física ejerce sobre las disposiciones morales y sobre el destino de la humanidad. Estas páginas están destinadas sobre todo a las almas melancólicas. El que quiera huir de las adversidades de la vida me seguirá de buena gana a las profundidades de los bosques, a través de la inmensidad de las estepas y a las altas cumbres de la Cordillera de los Andes; es a él al que se dirigen estos versos que parecen contener la sentencia del mundo:
“En la montaña está la libertad. Las emanaciones de las tumbas no se elevan a las regiones de aire puro. El mundo está bien en todas partes en las que el hombre no vaya a perturbarlo con sus miserias”.
"Auf den Bergen ist Freiheit! Der Hauch der Grüfte
Steigt nicht hinauf in die reinen Lüfte.
Die Welt ist vollkommen überall,
Wo der Mensch nicht hinkommt mit seiner Qual”.(1)
En opinión de Alberto Castrillón, el concepto de cuadro define en Humboldt la relación entre naturaleza física y naturaleza humana y la presentación primera de un paisaje. El cuadro transmite la síntesis que contiene la unidad bajo la diversidad de la naturaleza y es su expresión material. La ponderación de un referente fisonómico en un territorio dado sirve, en Humboldt, para organizar el espacio según criterios estéticos que incluyen al hombre en la selección y en la disposición de su objeto de estudio, modificando sus criterios de percepción y ampliando su escala de observación.
La importancia de los sentidos ante el asombro producido por la Naturaleza también se encuentra en una obra de Bernardin de Saint-Pierre, Études de la Nature, quien influyó mucho en Humboldt, incluso en la idea de la geografía de las plantas. La influencia de Saint-Pierre en la idea de los cuadros parece evidente, ya que el propio Humboldt reconoce su continua lectura de Paul et Virginie durante el viaje americano. Además del modelo literario de Saint-Pierre, la aparencia de la primera edición fue voluntariamente semejante a Hermann und Dorotea de Goethe y la inspiración para el titulo era obviamente Ansichten vom Niederrhein de su amigo G. Forster. La idea de cuadros estaba sin duda en el ambiente científico y literario del cambio de siglo, ya que incluso en una carta de Mariano Luis de Urquijo al barón de Humboldt, fechada en San Ildefonso el 2 de agosto de 1800, comenta que había leído con el más vivo interés todo lo que le había descrito en torno a sus observaciones astronómicas y de historia natural. Urquijo destacaba el “admirable laboratorio que la Naturaleza guarda en su seno” y las descripciones del sabio prusiano, quien era capaz de “describir con dulzura y una delicada sensibilidad todos los cuadros (tableaux) que ella [la Naturaleza] le presenta y las modificaciones que él percibe”.
Humboldt comenta en el Cosmos que “...el intento de elaborar un cuadro general de la naturaleza es tan difícil que en lugar de limitarnos a describir en detalle las riquezas de sus formas tan variadas, nos proponemos pintar los grandes conjuntos...” (Cosmos, t. 1, p. 79). Como se puede ver en el modelo de corte geográfico del Chimborazo, la geografía de las plantas y la clasificación influyen definitivamente en el estudio del paisaje. Asimismo, la impresión total del cuadro está muy determinada por lo que Humboldt llama el ornamento vegetal.
La posición geográfica no determina la forma de las plantas de una zona en particular, pero la semejanza entre especies indica semejanzas en las condiciones en que se desarrollan. En el corte del Chimborazo se quiere representar un determinado modelo en el que se expresa cómo a cada nivel de altitud y de línea isoterma le corresponden un tipo particular de plantas, que variarán en las diferentes regiones del globo, que a su vez determinarán la distribución de los animales. También quiere Humboldt tener en cuenta la intervención humana, ya que ésta influirá decisivamente en la distribución vegetal. La fisionomía de las plantas, una idea ya desarrollada en la conferencia dada en 1806 en la Academia berlinesa “Ideen zu einer Physiognomik der Gewächse”, va acompañada de las condiciones físico-químicas, su distribución geográfica en ocasiones, sus asociaciones, etc., e incluso de consideraciones estéticas, en los cuadros de la naturaleza que elabora Humboldt.
Para comprender un poco más la mirada de Humboldt en sus Cuadros de la Naturaleza podríamos establecer una comparación entre los cuadros humboldtianos y los planos cinematográficos. La mirada del primer plano en el que podemos reconocer al individuo aislado con todos sus detalles sería equivalente al estudio de la planta aislada con todos sus elementos anatómicos al modo más estrictamente linneano, tal como lo representaban artísticamente los pintores de las expediciones científicas españolas del siglo XVIII. En un plano medio podríamos reconocer las asociaciones vegetales, la vida animal asociada, las modificaciones introducidas por el hombre, la situación geográfica, la altitud, etc..., en un cuadro preciso que sin duda podría explicar la zona descrita con bastante exactitud. En el plano distante, que podríamos llamar cuadro-paisaje los elementos precisos del cuadro anterior se difuminan, aunque seríamos capaces de distinguir si se trata de un desierto, una estepa o una selva, por los caracteres fisionómicos generales e incluso por el sentimiento estético que provoca.
El cuadro humboldtiano suma los tres elementos descritos en los tres planos, aunque quizá de más importancia al último por considerarlo más elevado desde el punto de vista filosófico, ya que reúne arte, ciencia y sentimiento estético.
Cabría añadir con Charles Minguet que los Cuadros de la Naturaleza están escritos en una lengua elegante y concisa, en la que, en ningún momento, el rigor científico altera la emoción estética y la sensibilidad romántica de un sabio maravillado por la belleza y la grandeza de la Naturaleza.

Humboldt y A. Bomplat en la Cordillera de los Andes.
Sala Medina. Biblioteca Nacional
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