Estimamos que el
medio ambiente nacional no era un paraíso
o una copia feliz del Edén tal como nos indica, por
ejemplo, Rafael Elizalde en su obra clásica La Sobrevivencia
de Chile. El principal problema de Elizalde es que realizó sus
planteamientos basado principalmente en Najera, Ovalle, Rosales,
Vidaurre, Olivares, Molina, Córdova y Figueroa, Carvallo
y Goyeneche, todos escritores posteriores al siglo XVI, que
no fueron testigos directos de los hechos y que por lo tanto
no presenciaron directamente el medio ambiente chileno en
la época de la conquista.
Un argumento que apoya esta hipótesis es la numerosa
población indígena que habitaba estos territorios
por más de 10.000 años. No es posible pensar
que en todo ese tiempo los habitantes originales no causaran
impactos negativos sobre el medio ambiente nacional, sobre
todo si conocían el fuego, la agricultura y se asentaban
en forma dispersa sobre el territorio. Debió haber
numerosos espacios despejados de bosques e intervenidos por
el hombre para practicar sus cultivos. Pensamos que esto
es lo que percibió el conquistador Pedro de Valdivia
al escribir al emperador Carlos V la misiva que encabeza
estas líneas y donde anota también que la tierra
es; “próspera de ganado como lo del Perú,
con una lana que le arrastra por el suelo. Abundosa de todos
los mantenimientos que siembran los indios para su sustentación,
así como maíz, papas, quínoa, madi,
ají y frijoles” (1).
La principal fuente que disponemos para dilucidar estas
interrogantes son los cronistas españoles contemporáneos
a los hechos. Especialmente importante es la obra de Gerónimo
de Vivar, quien siempre encuentra la oportunidad para detenerse
en la descripción del clima, del paisaje, de la flora
y de la fauna del Reino de Chile (2). Otra obra básica
es la crónica de Alonso de Góngora Marmolejo,
soldado que cuenta las distintas noticias sin grandes adornos
ni pretensiones literarias, pero con claridad y exactitud
por lo que es de gran utilidad para nuestros fines (3). También
hemos considerado la crónica de Pedro Mariño
de Lovera, aun cuando esta obra ha llegado hasta nosotros
a través de una reelaboración escrita por el
padre Bartolomé de Escobar, quien no vivió en
Chile, lo cual resta mérito al texto (4). Hemos estudiado,
asimismo, el poema épico “La Araucana” de
Alonso de Ercilla, quien llegó a Chile en 1557 percibiendo
el entorno geográfico poco después de la llegada
de los primeros conquistadores pues, según Diego Barros
Arana, sus descripciones son dignas de confianza, especialmente
aquellas donde da cuenta del paisaje (5).
Si tomamos el testimonio de los cronistas contemporáneos
a los hechos, podemos inferir la alternancia de bosques y
tierras despejadas donde los indígenas se asentaban
y practicaban la agricultura. Se trata entonces de un territorio
intervenido sobre todo en los llanos y en los sectores ribereños.
Así, los territorios del Cachapoal, Maule, Bio Bio,
Arauco, Purén, Angol, Toltén, Cautín
y Valdivia se encontraban densamente poblados e intervenidos
por prácticas agrícolas (6).
Algunos de los testimonios que siguen reafirman nuestros
planteamientos: Vivar nos entrega una visión de los
cultivos que se practicaban en los llanos de la zona de Concepción
señalando que “dase mucho trigo y cebada. Y
los naturales tienen maíz, frijoles y papas y una
hierba a manera de avena, que es buen mantenimiento para
ellos. Son muy grandes labradores y cultivan muy bien la
tierra” (7). Millapoa, donde Hurtado de Mendoza tuvo
una memorable batalla con los indígenas, era, según
Lovera, “tierra de gran fertilidad, hermosura y recreación
no menos extensa que poblada” (8). Arauco debió tener
extensas zonas despejadas de bosque por la numerosa población
que allí habitaba, pues a media legua de la costa
los españoles hallaron “muy gran cantidad de
casa y mucha población” (9). Por su parte, Lovera
afirma que “había en este tiempo grandes sementeras
de trigo en los estados de Arauco que pasaban de cien mil
fanegas sembradas por los españoles” (10). La
región comprendida entre el río Itata y el
río Toltén se encontraba densamente poblada,
especialmente en los sectores planos no montuosos. Vivar
afirma que “todo este término está muy
poblado de gente muy belicosa” (11). En el río
Cautín la expedición de Vivar halló una
tierra “tan poblada como la de Arauco” (12).
En las cercanías de la ciudad de Valdivia, una expedición
española encontró “unas grandes llanadas,
tan llenas de poblaciones, cuanto abundantes sementeras de
maíz, frijoles, papas, quínoa, y otros granos
y legumbres” (13).

Es interesante señalar que producto del descenso
demográfico posterior a la conquista la provincia
de Valdivia se pobló de bosques en los siglos siguientes.
Así, en el siglo XIX, Rodulfo Amando Phillipi, señalaba
que la vegetación de la provincia de Valdivia era “tan
vigorosa i lozana, que una pampa abandonada a sí misma,
en pocos años se vuelve monte. Es lo que palpo todos
los años en mi fundo. Muchos lugares que eran campos
i cultivos al principio de este siglo, ahora están
cubiertos de árboles grandes e impenetrables por la
quila i otros arbustos; se conocen distintamente caminos
distintos en el monte ahora enteramente cerrados e intransitables,
i aun en los ocho años que poseo este fundo varias
pequeñas pampitas se han cubierto de monte nuevo” (14).
En este sentido, Phillipi planteaba que “el monte invade
más i más la provincia de Valdivia. No puede
caber la menor duda que esta parte de la República
era sumamente poblada cuando los españoles la descubrieron.
D. Pedro de Valdivia i sus sucesores encontraron ejércitos
numerosos, i había miles de indios sitiando al mismo
tiempo las ciudades de Valdivia i Osorno. Estos se alimentaban
entonces únicamente de vegetales, pues no conocían
ningún animal doméstico, i las vacas, ovejas,
caballos no habían tenido tiempo de multiplicarse
i de llegar a ser un alimento de los más pobres. Esta
circunstancia sola es una prueba evidente de que debían
cultivar una extensión mucho mayor del que se cultiva
en el día” (15).
Sobre el posible avance de los bosques y reafirmando las
percepciones de Phillipi existen testimonios notables como
el de Francisco Vidal Gormaz, escrito en 1869: “al
recorrer nosotros el territorio litoral i parte del interior,
comprendido entre el río Imperial y el archipiélago
de Chiloé por el espacio de cuatro años consecutivos,
hemos podido notar el incremento rápido de los bosques.
Por todas partes se notan vestigios de rucas e inmensos retoñales
al paso que los desmontes modernos o más propiamente
contemporáneos, son mucho más reducidos i limitados,
fenómeno que hace ver la disminución de la
población indígena i con ello el incremento
de los bosques” (16).
Volviendo a los tiempos de la conquista, al sur de los llanos
de Osorno los bosques eran muchísimo más espesos
y el territorio más virgen y menos poblado. Ercilla,
que participó en la expedición de Hurtado de
Mendoza hasta el golfo de Reloncaví, describió aquellos
boscosos parajes de la siguiente manera:
Nunca con tanto estorbo a los humanos
Quiso impedir el paso la natura,
y que así de los cielos soberanos
los árboles midies en el altura;
ni entre tantos peñascos y pantanos,
mezcló tanta maleza y espesura,
como en este camino defendido,
de zarzas, breñas y árboles tejido (17).
A partir de estas reflexiones no parece forzado plantear
que a la llegada de los españoles el territorio nacional
no era un espeso y cerrado bosque de mar a cordillera, pues
existían grandes extensiones de tierras despejadas
que permitían la subsistencia de los pueblos indígenas
asentados en aquellos territorios. De otro modo los indígenas
no habrían tenido el suelo o espacio necesario para
sus asentamientos y su incipiente agricultura. Desde el río
Maipo al norte los cerros no eran montuosos. Avanzando hacia
el sur los bosques cubrían cada vez más las
pendientes de los Andes, la Cordillera de la Costa y los
terrenos ondulados por colinas y quebradas. Paralelamente
aumentaba más la diversidad de especies por la transición
de las condiciones ecológicas semidesérticas
del norte con las lluviosas del sur. Uno de los principales
vacíos de información se encuentra en la descripción
de los territorios de la Cordillera de los Andes lo cual
nos indica que podría tratarse de territorios poco
poblados y en general cubiertos por bosques. De hecho, la
principal actividad de las bandas de la zona era la caza
y la recolección, no el cultivo. Entre estos parajes,
por la depresión intermedia, los llanos y las tierras
despejadas, con sus sementeras y asentamientos humanos, ocupaban
dilatadas extensiones. En todo caso al sur del río
Toltén, si bien existían importantes manchones
de tierras despejadas, lo que predominaba era el bosque,
incluso en los sectores intermedios.
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(1) Cartas de don Pedro de Valdivia
al emperador Carlos V. Colección de Historiadores
de Chile, Tomo I, Imprenta del Ferrocarril, Santiago,
Chile, 1861, p.55.
(2) Gerónimo de Vivar: Crónica y relación
copiosa y verdadera de los Reinos de Chile (1558). Edición
de Leopoldo Sáez Godoy, Biblioteca Ibero-americana,
Berlín, Alemania, 1979.
(3) Alonso de Góngora Marmolejo: Historia de Chile
desde su descubrimiento hasta el año 1575. Colección
de Historiadores de Chile. Tomo II, Imprenta del Ferrocarril,
Santiago, Chile, 1862.
(4) Pedro Mariño de Lovera: Crónica del reino
de Chile, reducida a nuevo método y estilo por el
padre Bartolomé de Escobar. Colección de Historiadores
de Chile, Tomo VI, Santiago, 1865.
(5) Alonso de Ercilla: La Araucana. Sopena, Barcelona, España,
1974. Barros Arana, Diego: Historia Jeneral de Chile. Tomo
II, Rafael Jover Editor, Santiago, Chile, p.267.
(6) Berninger, Otto: Bosque y tierra despejada desde la conquista
española. 1929. Traducción y comentarios de
Isolde Navarro. Memoria de Prueba para optar al título
de profesor de Estado en las asignaturas de Historia, Geografía
y Educación Cívica. Santiago, Chile, 1966.
(7) Gerónimo de Vivar: Crónica y relación… Op.
Cit. p. 181 y 182.
(8) Pedro Mariño de Lovera: Crónica del reino
de Chile… Op. Cit., p. 209.
(9) Alonso de Góngora Marmolejo: Historia de Chile
desde… Op. Cit., p. 25.
(10) Pedro Mariño de Lovera: Crónica y relación… Op.
Cit., p. 164.
(11) Gerónimo de Vivar: Crónica y relación… Op.
Cit., p .184.
(12) Ibid., p. 25.
(13) Pedro Mariño de Lovera: Crónica del reino
de Chile… Op. Cit., p. 136.
(14) Rodulfo Amando Phillipi: Geografía de la Provincia
de Valdivia. Revista del Pacífico, 1860, p. 625.
(15) Ibid., p. 624-625.
(16) Francisco Vidal Gormaz: Reconocimiento del río
Valdivia i de la costa comprendida entre Corral y Reloncaví.
Memoria de Marina. 1870.
(17) Alonso de Ercilla: La Araucana. Op. Cit., p. 525.
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