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Norbert
Lechner |
¿Qué es el ocio? No es un “dato
objetivo” con un significado unívoco.
Cada cual dirá lo que significa para
él: descanso o diversión, fiesta
o dolce far niente. En general, será
una combinación de significaciones que
cambia según las circunstancias. Se trata,
pues, de una “construcción”
cuyo sentido varía. Pero no entremos
en disquisiciones. Tomemos un punto de partida
banal: parece que el ocio presupone un tiempo
libre (distinto al tiempo de trabajo remunerado
o doméstico). Al respecto, algunos resultados
de la encuesta nacional del PNUD1 ayudan a visualizar
la diversidad.
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Primera
sorpresa: seis de cada diez entrevistados declaran tener
(algo o siempre) tiempo libre durante la semana. No
seríamos entonces tan “trabajólicos”
como todos dicen. Por supuesto que hay diferencias.
Como era de esperar, las personas de nivel socioeconómico
medio-alto, los jóvenes y los adultos mayores
suelen disponer de más tiempo libre.
¿Cómo emplean los chilenos su tiempo libre?
Entre las tres opciones que ofrecía el cuestionario,
los entrevistados señalaron por partes iguales
(40 %) que es una oportunidad para “hacer lo que
yo quiero” y para “hacer cosas útiles”.
Sobre todo, para las personas de estrato bajo y los
adultos mayores el tiempo libre no se contradice con
lo útil. Claro que no sabemos qué cosas
incluyen bajo ese rubro. También la lectura o
el cine pueden ser de gran utilidad. De hecho, cuatro
de cada diez encuestados declaran que estas actividades
les ayudan a “desarrollarse como persona”.
En general, el denominado “consumo cultural”
es bajo, salvo el consumo de televisión y radio.
La televisión sería el único bien
cultural para el 38 % de la muestra. En el otro extremo
se encuentra un pequeño grupo (10 %) que exhibe
un alto nivel de consumo de libros, música, cine
y museos. Preferentemente, son personas de entre 18
y 34 años, hombres y de estrato medio-alto, residentes
en Santiago. A bastante distancia se distingue un grupo
de consumo cultural medio (27 %), circunscrito más
bien a la compra de diarios y, en especial, de música.
Aquí encontramos jóvenes entre 18 y 24
años, de estrato medio-alto y de Santiago. En
suma, las cifras sugieren que, para la gran mayoría
de las personas, las actividades propiamente culturales
no suelen hacer el fuerte de su tiempo libre.
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Claudio Bertoni, 1993
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Mientras
que un número significativo de individuos dispone
de tiempo libre durante la semana, es menester presumir
que la proporción aumenta los sábados y
domingos. En realidad, casi nadie carece de tiempo libre.
El 7 % de los entrevistados, sin distinción de
género, lo usa para trabajar (alguien tendrá
que atendernos en el paseo que nos gusta hacer a los centros
comerciales). La actividad preferida para el wikén
es salir de paseo, seguido de la televisión, el
descanso y el deporte.
Esas preferencias hacen suponer que durante los fines
de semana el ocio suele ser disfrutado en familia. Sabemos
de la importancia que juega la familia para la gente.
Dos tercios de los entrevistados (sobre todo mujeres,
adultos jóvenes y población rural) indican
que es con la familia donde mejor lo pasan; sólo
los hombres jóvenes (16 %) tienden a privilegiar
a los amigos.
Considerando esta
afinidad, podemos acercarnos al difuso mundo del ocio,
averiguando qué tipo de actividades se realiza
en familia. Fuera de las habituales, sobresalen dos asuntos
de similar peso: conversar sobre problemas familiares
(las mujeres) y ver televisión (los jóvenes).
En bastante menor medida, se sale de paseo o se visita
a parientes. Las dos actividades principales indican,
a mi parecer, que el ocio anclado en la vida familiar
tiende a compartir la ambivalencia que la caracteriza. |
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| Un
tercio de la muestra exhibe una visión normativa
de la vida. Cumplir con su deber tiende a ser la consigna
que guía a los adultos mayores, la población
rural y personas de estrato bajo y medio-bajo. La gratuidad
del ocio parece ser un lujo para ellos |
Norbert Lechner es
sociólogo, miembro del equipoPNUD que desarrolló
el Informe de Desarrollo Humano en Chile 2002. |
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