¿Qué
significa la familia para los chilenos? Del Informe
del PNUD de desprende una visión ambigua. Por
un lado, ella ocupa un papel sobresaliente como lugar
de descanso y apoyo. Frente a una sociedad vivida
como una “máquina” ajena y hostil,
los individuos tienden a replegarse en la familia
como último refugio. Ello implica, por el otro
lado, tales exigencias de cooperación práctica,
apoyo afectivo y sintonía emocional que tienden
a sobrecargarla. Recordemos, además, que la
familia carga responsabilidades adicionales en relación
a la salud, la previsión y la educación
de sus miembros. En consecuencia, más de la
mitad de los entrevistados, sin distinción
de edad y de sexo, concluye que la familia sería
una institución en crisis o fuente de tensiones
y problemas. Esta evaluación crítica
aumenta en la medida en que disminuye el nivel socioeconómico
y, por ende, las posibilidades de amortiguar o compensar
las demandas crecientes. Conviene tener presente este
contexto para apreciar las dificultades con las cuales
se topa el placer del ocio.
No crean que el ocio se disfruta más fácilmente
en compañía de las amistades. La mayoría
de los individuos encuestados define a la amistad
como el ámbito donde puede compartir (51 %)
o donde obtiene apoyo (37 %). Pero dicha valoración
choca con la dura realidad. Ocho de cada diez personas
declara que tiene pocos amigos o que no tiene. Las
mujeres, los adultos mayores y la población
rural suelen tener sólo conocidos. No sabemos
si la ambigüedad entre la significación
de la amistad y su vivencia concreta tiene efectos
sobre el ocio. Sólo puedo decir que a mayor
nivel socioeconómico del entrevistado corresponde
no sólo un mayor círculo de amigos,
sino asimismo más tiempo libre. ¿Acaso
cambia la manera de disfrutarlo?
Pensando en el recelo que pueden despertar en Chile
los placeres del ocio, incluso el miedo que tenemos
a cualquier desborde de la subjetividad social, la
noticia sería buena: a la “gente bien”
le gusta expresar sus emociones para ser feliz.