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  Antropólogo por Mauricio Redolés


En el salón de conferencias de la Hostería Ancud no cabe un peluquero más. El aire está saturado por una nube de laca. Si alguien decide prender un fósforo, lo más seguro es que con tanto químico el auditorio explote. Se trata, ni más ni menos, que del Primer Encuentro Técnico Comercial de Peluqueros. Una cita para hablar de patrimonio capilar.

 
 

La moda –en tanto las tendencias estéticas que pautean las formas de vestir, la música pop, el cine, el video y otros fenómenos de la cultura de masas– es de una forma u otra, el gran protagonista de los medios de comunicaciones en el mundo occidental.

Si nos referimos a la moda en tanto al estilo en la forma de vestir, nos encontraremos que ésta se plantea muchas veces como un reformulador del cuerpo humano. Clásico ejemplo de esto son los deformados esqueletos de honorables damas del siglo XIX aficionadas al uso del corset que constreñía vértebras y aparato digestivo en favor de una figura de estilizada estrecha cintura. Otro caso que se puede citar es el de ciertos zapatos chinos que cumplían la misión de deformar el pie de quien lo usaba, teniendo como resultado que quien lo usaba no pudiera mantenerse en pie sin el deformador adminículo. Es decir, un zapato chino.
Hace poco supe de un caso similar a los anteriores aunque quizá menos dramático. Se trata de la moda de pantalones (jeans en propiedad), ajustadísimos a las caderas impuesta por las estrellas del pop adolescente Britney Spears y Christina Aguilera. Así da cuenta una nota aparecida en el diario La Tercera: “Moda de divas adolescentes trae problemas de salud”. (13 de enero del 2003, página 38). En la nota se constata que en Ontario, Canadá, se habrían detectado bastantes casos médicos como secuela de esa moda. En este artículo se dice que “...el corte apretado y a esa altura del cuerpo (cadera), estaría presionando un nervio sensorial bajo el hueso de la cadera que causa una sensación de hormigueo en los muslos llamada parestesia. Aunque el daño en el nervio no es muy serio, los síntomas podrían durar bastante si no se deja de usar esas prendas por un tiempo”. Según palabras del doctor Malvinder Parmar, director del Hospital Timmins and District de Ontario, él ha tenido que atender varios casos de mujeres que habían seguido esta moda. Los síntomas desaparecen si se dejan de usar estos pantalones por unas seis semanas aproximadamente. Si a los jeans se le suma una billetera en un bolsillo se agudiza el sentido del hormigueo al haber mayor presión sobre el muslo. Esa moda de jeans ajustados muy abajo para poder lucir un aro en el ombligo como lo hace Britney Spears, reformula los frágiles cuerpos de las jóvenes adolescentes, tal como antes lo hiciera el corset y el zapato chino.

El mundo de la moda en el vestir permea las áreas de las comunicaciones y el entretenimiento más que ninguna otra manifestación cultural. En el mismo diario y en la misma página donde aparece el caso de los pantalones ajustados viene una nota sobre la influencia del Hip-Hop en el mundo de la moda. Así se consigna que el rapero Sean “Puffy” Combs tiene una colección de ropa inspirada en su estilo personal. También Eminem y Ice-T estarían iniciando sus propias colecciones de moda. La moda es parte del show bussiness y como todo el mundo sabe “there´s no bussiness like show-bussiness”.

En cuanto a nuestro país, si hay algo por lo cual podemos ser reconocidos los chilenos es por la falta de estilo. Nos gusta la uniformidad, la sobriedad a ultranza, el no aparecer llamando la atención.

La infaltable parka verde
Con una sumisión absoluta a los patrones estéticos de las pasarelas de París o Milán nuestros diseñadores de moda más consagrados no son “nuestros”. Recuerdo que cuando llegué a Londres en 1975, segundos antes que la explosión punk, una amiga escocesa me dijo: ”Ustedes los chilenos no son fashion conscientiousness”, o algo así. Los chilenos a los que ella se refería éramos cientos de refugiados políticos que vestíamos todos igual. Puedo incluso recordar el invierno de 1975 en Londres y los hombres chilenos todos vestíamos medias chilotas, bototos, jeans pata de elefante (que ya estaban pasando de moda en Europa), pullover tipo beatle negro y la infaltable parka verde con capucha incluida, llena de bolsillos con cierres, en donde cabían todos los boletines y panfletos que publicaba la izquierda chilena en el exterior. Recuerdo que nuestro deseo por la uniformidad era tan grande que todos deseábamos comprar la misma parka verde (piel de conejo en el cuello, forro interior fosforescente). No, no éramos “fashion conscientiousness” o no teníamos conciencia de estilo. La moda en Chile es un lenguaje copiado o mudo, sin signos vitales, donde lo único destacable es la belleza de Ximena Huilipán.

Otro recuerdo que tengo de los años de exilio es la firme creencia de que los ingleses tal vez sean los más desastrados de Europa para vestirse. Se preocupan más bien de cubrirse mezclando y rompiendo todos los estilos cuya exageración más connotada es la moda punk. Por eso resultaba patéticamente provinciana la preocupación de la señora madre de una exiliada chilena en Londres que al llegar a Inglaterra preguntaba qué color era el que se estaba llevando esa primavera. No había un color. Había millones de colores.

Y un recuerdo final. El constatar la coincidencia de visión que teníamos los retornados del exilio en Inglaterra en el empobrecido y terremoteado Chile de 1985, cuando de tan pobre alguna gente compraba ropa europea de segunda mano, y las combinaciones que hacían de colores y estilos transformaba a estos santiaguinos en desaprensivos londinenses. Totalmente a la moda, pero de una moda que no era moda, sino sólo un juego visual, producto de la miseria económica y la falta de estilo.

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Historiador Mauricio Redolés
musico y poeta