Ir a Dibam Ir al Inicio
     
  LA CÁMARA LÚBRICA...  
  >>(02)  
 
La fotografía pornográfica fue despreciada y criminalizada, al contrario de la pornografía no fotográfica, protegida por el mercado del arte. En vistas de que la pornografía pintada o hecha a mano era mucho más cara que la fotografía, el mayor valor de cambio de lo obsceno purificaba lo indigno y la absolvía del pecado del original plagiado, de los policías, de la justicia, e incluso de los curas.

Si bien cuadros como la Olimpia de Manet aportaron una cuota de escándalo a mediados del siglo XIX, no existió una persecución tan declarada contra la pintura que refiriera erotismo, como sí existió contra la imagen capturada por medios mecánicos. Y es que la fotografía, introduciendo la realidad, el detalle, la carnalidad, hizo que la sexualidad se volviera altamente subversiva. Definida “sin discusión como una droga que intoxica el alma, mancha la conciencia, hace perder la inocencia, corrompe el espíritu, turba la mente, promueve el vicio y lleva al infierno”, era de temer.

Tal persecución despertó la creatividad de sus productores y traficantes. En 1863 el Monitor de la Fotografía publicaba el arresto de Phillipe Laufer con sus Bijoux Microscopiques, pequeñas miniaturas, que se vendían a 1 franco y que reproducían toda la genitalidad que los frescos religiosos velaban. Como estos artilugios, se desarrollaron otros con el mismo fin (taumatropio, viviscopio, zootropio) pero de los que no quedó registro.

Paradójicamente, fue gracias a la criminalística que un gran número de fotografías pornográficas en formato tradicional fueron conservadas y es posible conocerlas el día de hoy. Corrían los años 80 del siglo XIX, y los métodos científicos comenzaban a ser aplicados en las oficinas policíacas. Por medio de la fotografía se realizaron estudios centrados en la creación de una nueva ciencia carcelaria. La técnica consistía en relacionar las características antropométricas de los reos con cualidades morales. En Francia, Inglaterra e Alemania, las imágenes de la prostitución, junto a las fotografías tomadas con pretextos científicos y antropológicos de las prostitutas y homosexuales, se almacenaban en gran cantidad en las prefecturas de los palacios de justicia. Sólo en París se encontraron más de 100.000 fotografías pornográficas gracias a la ardua tarea de recolección de Eugene Francois Vidocq, comisario de policía. Tiempo después se intentó destruir este material, pero Jules Jarnes -otro funcionario policíaco- sería el encargado de salvaguardar este material en pro de la ciencia, mediante un exhaustivo trabajo de clasificación. La utilidad jurídica del archivo fotográfico de Vidocq, al que podríamos llamar jurídico-sexual, no sirvió tanto como registro jurídico, sino como registro antropológico.
Ya entrado el siglo XX el comercio de la fotografía pornográfica aumentó exponencialmente, desarrollándose una gigantesca industria editorial que encontraría su culminación paroxística en la inmaterialidad de los bits..

Sex.com, nuevas estrategias de la pornografÍa
La irrupción de la pornografía en internet no sólo trajo consigo el florecimiento a menor costo de un mercado ya consolidado en la industria editorial, sino que fue precisamente lo que impulsó el desarrollo de la internet como plataforma comercial. La optimización de las descargas de imágenes y videos, el afinamiento de los protocolos de seguridad para las transacciones financieras, la eficiencia de los navegadores, etc., fueron inicialmente motivados y puestos a prueba por y para la comercialización de pornografía.

En un litigio por el dominio sex.com el demandante logró obtener la suma de 65 millones de dólares y la posibilidad de recuperar una marca que le permitiría facturar más de 500 mil dólares mensuales sólo por concepto de publicidad. Nunca una sola palabra -“sex”- había sido tasada tan alto.
Pero además, la fotografía pornográfica en la web expandió su potencial e implicancias sociales y estéticas, pues la vastedad de sus modalidades y la forma en que se inscribe en la sociedad no hacen sino evidenciar el carácter cada vez más complejo de la relación entre el sujeto y las imágenes como construcciones simbólicas que movilizan sentido.

Amparada por el secreto que otorga la privacidad del hogar, en donde cualquier rubor será disimulado por el fulgor de la pantalla del computador, la experiencia ante el producto u obra pornográfica ya no sólo se reduce al paradójico acto de gozar vicariamente de un placer que sólo se instala en la superficie del significante. Ya no sólo se excita el deseo de presencia garantizado en la ausencia inherente a la imagen, sino que es la propia mirada, basada en la “pulsión escópica” (deleite en las imágenes per se más allá de cualquier inteligibilidad.) de la que hablaba Lacan, la que se hace eje de rotación del sentido.


subir
 
     
 
La fotografía pornográfica en la web expandió su potencial e implicancias sociales y estéticas, pues la vastedad de sus modalidades y la forma en que se inscribe en la sociedad no hacen sino evidenciar el carácter cada vez más complejo de la relación entre el sujeto y las imágenes como construcciones simbólicas que movilizan sentido.
Historiador Valentina Montero. Periodista y Licenciada en Estética