En
proceso, seguido por la Real Audiencia, da cuenta pormenorizada
de los devaneos de Manolita, quien debió incluso ser
ingresada en un convento (del cual huyó saltando las
tapias en más de una ocasión) y quien llegó además
al extremo de intentar envenenar a su legítimo marido
con unos espárragos.
El sufrido Toesca amó tiernamente a su esposa a
pesar de todo y achacó siempre las vergonzantes
escaramuzas de su mujer a que era víctima de una “enfermedad
de la imaginación”. El escritor Jorge Edwards
rescató los pormenores del drama en su novela “El
sueño de la Historia” donde, fiel a los documentos
históricos, relata las reiteradas infidelidades
de Manuela Fernández con Juan Joseph Goycoolea,
discípulo de Toesca. La novela de Edwards es indulgente
con Manuela Fernández, la pinta como una personalidad
extravagante, tal vez adelantada a su época; y al
atribulado arquitecto como un ser introvertido, desconfiado
y autoritario. Otra obra que recoge esta historia es “La
pequeña Quintrala de Joaquín Toesca” de
Ilda Cádiz Ávila.
Reproducimos aquí algunas de las declaraciones
del propio Toesca, que constan en el proceso seguido por
la Real Audiencia.
Declaraciones de Toesca a la Real Audiencia
“Después de haver perdonado a Doña Manuela
Rebolledo los muchos agravios que me ha (innogado) desde
que contraje matrimonio con ella habrá once años,
a corta diferencia siendo uno, el haver intentado quitarme
la vida con veneno, que me propinó en unos espárragos
de que resultó recluida en el Monasterio de las religiosas
agustinas, el que profanó entregándose a liviandeses
escandalosas, que dieron motivo a formar un proceso, que
debe obrar en el archivo de la Real Audiencia, por lo que
fue trasladada al convento de religiosas de Sta. Clara de
la Victoria, que es uno de los dos que está en regla
en esta ciudad, de el que la saqué ejerciendo en ello
un acto heroyco de remisión de injurias, llevándola
a mi propia casa para hacer vida matrimonial, creyendo que
ya estuviese enmendado y arrepentida, de lo que dio algunas
muestras y señales en los primeros meses. Como estas
eran aparentes volvió a relaxarse, entablando ilícita
comunicación con un sujeto soltero de esta misma ciudad,
llegando esto al extremo de abandonarme aun habiendo padecido
yo una grave enfermedad que me postró en cama; desde
por la mañana, después que almorzaba, se salía
de la casa, sin volver a ella hasta la hora de comer, y echa
esta diligencia volvía a marcharse sin restituirse
hasta la noche, cuya conducta me llenaba no solamente de
aflicción, sino también de fundamentos rezelos
de que proseguía con infidelidad; y habiéndose
verificados aquellos una noche en que ya algo convaleciente
pasé al dormitorio de mi mujer encontré su
amasio tendido en su cama, oculto con cortinas corridas,
y saliéndose ella del cuarto con la luz para que no
la perciviese.”
(49v)“... descubrimiento huvo de ponerme en términos
de hacer una propelía de desagravio en mi honor,
tantas veces ofendido por la citada indigna mujer; pero
debí al todo Poderoso que contuviese mi mano, y
me redujese únicamente a echar al amasio de mi casa;
también a ella, mandánosla se pasase a la
de su madre Doña Clara Pando, viuda de muy contadas
o ningunas facultades, con ánimo de no volver jamás
a cohabitar con ella, aunque por un efecto de charidad
la empezé a contribuir con quinze pesos mensuales
para que pudiese alimentarse.”
“... pero faltó a todo, pues admitió a
quantos querían entrar a verla, y algunos invitados
por ella misma, saliéndose también de la
casa a las más de las noches con pretextos de novenas
y otros que figuraba para lograr su libertinaje, con cuia
noticia volvía ocurrir a V.S.J. y le supliqué encarecidamente
la pusiera en algún convento, a lo que se negó...”
(50) “Espero este favor, que el Señor le
premiará, y de lo contrario me expongo a perderme
o que desamparar las grandes obras de arquitectura de la
Real Casa de Moneda, y de la Sta. Catedral, en que me hallo
actualmente, trasladándome a otra parte para evitar
no solamente los sonrojos y afrentas que padezco en esta
capital, sino también para precaver algún
atentado, que pueda ejecutar con los amasios de la citada
torpe esposa, o ellos conmigo.”
Relato pormenorizado del adulterio
“(...) Pero su condición nada reflexiva ni cuerda
la hizo atropellar con todo y poniendo su afición
en Don Juan Josef de Goicolea (a quien yo le enseñaba
principios de Matemáticas) le avanzó el extremo
de abandonarme por él; burlándose ambos de
mis repetidas amonestaciones y consejos, llegó al
caso siguiente:
“me dirijí al quarto de ella, que sintiéndome
salió precipitada con una luz en la mano, dejando
a obscuras dicho quarto: aumentóseme con esto mi rezelo
y puesto dentro del mismo quarto miré a todas partes
con la luz que ministraba un brazero de candela que allí havia;
y como no viese vulto alguno pedí muchas veces a gritos
a una criada una luz, y no solo no me la traía, sino
que la dicha Doña Manuela igualmente la mandaba desde
la Huerta, que sacase el brazero del quarto”.
“(ya con luz)... fijé la vista en la cama,
que sin embargo de tener corridas las cortinas, que aún
no se juntaban del todo, divizé un bulto con capa
encarnada, y vuelta blanca. (Toesca le pide a una de sus
criadas que le traiga la capa. Quien se rehúsa en
un principio pero después se la lleva).”
“...Mandela segunda vez que me pasase lo que yo
había visto, y no pudiendo esquivarlo, el Don Juan
Josef Goicolea bajó de la cama lleno de turbación
y con voz trémula, y expresiones mal articuladas
me significó le perdonase: yo sujeto, por alta Providencia,
y sin saber de mí, le entregué su capa, y
le dije que se mudase puntualmente: igual orden dí a
Doña Manuela y ambos lo ejecutaron.”
“Las dos cartas que igualmente presento escritas
todas por la misma Doña Manuela Fernández:
Ellas hacen ver que la casa de exercicios de Peumo aun
no se presta bastante seguridad para impedir una comunicación
tan pecaminosa y detestable.”
(73v)”... a presencia de los pasajes que dejo relacionadas
y de las cartas presentadas no puede desearse indicio más
violento y vehemente del adulterio perpetrado por Doña
Manuela con Juan Josef Goicolea.”
Carta incriminatoria
(75 v) (carta de Manuela a Goicolea desde encierro en convento)
“Yo por mis pecados me merezco esto”
“Adiós mi negrito, conviértete, no
visites chusquisas (1), mucho le pido a la virgen por ti,
que te haga un santo: pero creo que no será en ese
pellejo y a Dios a quien le pido te guarde muchos años”.
La Fernández.
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1.Chusquisa: mujer de vida a
alegre (Chile, Perú).
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