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El arquitecto romano Joaquín Toesca (1745 – 1799), llegó al Santiago colonial para terminar la construcción de la Catedral, proyectar lo que sería la Casa de Moneda, los tajamares del río Mapocho y otras significativas obras. Las desventuras de su matrimonio con Manuela Fernández Rebolledo, joven ardiente y descocada, cuyas aventuras galantes con un discípulo de su esposo, y con cuantos “amasios” se pusieran a su alcance, fueron el comidillo de la época y quedaron consignadas por la historia.

 
 
En proceso, seguido por la Real Audiencia, da cuenta pormenorizada de los devaneos de Manolita, quien debió incluso ser ingresada en un convento (del cual huyó saltando las tapias en más de una ocasión) y quien llegó además al extremo de intentar envenenar a su legítimo marido con unos espárragos.

El sufrido Toesca amó tiernamente a su esposa a pesar de todo y achacó siempre las vergonzantes escaramuzas de su mujer a que era víctima de una “enfermedad de la imaginación”. El escritor Jorge Edwards rescató los pormenores del drama en su novela “El sueño de la Historia” donde, fiel a los documentos históricos, relata las reiteradas infidelidades de Manuela Fernández con Juan Joseph Goycoolea, discípulo de Toesca. La novela de Edwards es indulgente con Manuela Fernández, la pinta como una personalidad extravagante, tal vez adelantada a su época; y al atribulado arquitecto como un ser introvertido, desconfiado y autoritario. Otra obra que recoge esta historia es “La pequeña Quintrala de Joaquín Toesca” de Ilda Cádiz Ávila.

Reproducimos aquí algunas de las declaraciones del propio Toesca, que constan en el proceso seguido por la Real Audiencia.

Declaraciones de Toesca a la Real Audiencia
“Después de haver perdonado a Doña Manuela Rebolledo los muchos agravios que me ha (innogado) desde que contraje matrimonio con ella habrá once años, a corta diferencia siendo uno, el haver intentado quitarme la vida con veneno, que me propinó en unos espárragos de que resultó recluida en el Monasterio de las religiosas agustinas, el que profanó entregándose a liviandeses escandalosas, que dieron motivo a formar un proceso, que debe obrar en el archivo de la Real Audiencia, por lo que fue trasladada al convento de religiosas de Sta. Clara de la Victoria, que es uno de los dos que está en regla en esta ciudad, de el que la saqué ejerciendo en ello un acto heroyco de remisión de injurias, llevándola a mi propia casa para hacer vida matrimonial, creyendo que ya estuviese enmendado y arrepentida, de lo que dio algunas muestras y señales en los primeros meses. Como estas eran aparentes volvió a relaxarse, entablando ilícita comunicación con un sujeto soltero de esta misma ciudad, llegando esto al extremo de abandonarme aun habiendo padecido yo una grave enfermedad que me postró en cama; desde por la mañana, después que almorzaba, se salía de la casa, sin volver a ella hasta la hora de comer, y echa esta diligencia volvía a marcharse sin restituirse hasta la noche, cuya conducta me llenaba no solamente de aflicción, sino también de fundamentos rezelos de que proseguía con infidelidad; y habiéndose verificados aquellos una noche en que ya algo convaleciente pasé al dormitorio de mi mujer encontré su amasio tendido en su cama, oculto con cortinas corridas, y saliéndose ella del cuarto con la luz para que no la perciviese.”

(49v)“... descubrimiento huvo de ponerme en términos de hacer una propelía de desagravio en mi honor, tantas veces ofendido por la citada indigna mujer; pero debí al todo Poderoso que contuviese mi mano, y me redujese únicamente a echar al amasio de mi casa; también a ella, mandánosla se pasase a la de su madre Doña Clara Pando, viuda de muy contadas o ningunas facultades, con ánimo de no volver jamás a cohabitar con ella, aunque por un efecto de charidad la empezé a contribuir con quinze pesos mensuales para que pudiese alimentarse.”

“... pero faltó a todo, pues admitió a quantos querían entrar a verla, y algunos invitados por ella misma, saliéndose también de la casa a las más de las noches con pretextos de novenas y otros que figuraba para lograr su libertinaje, con cuia noticia volvía ocurrir a V.S.J. y le supliqué encarecidamente la pusiera en algún convento, a lo que se negó...”

(50) “Espero este favor, que el Señor le premiará, y de lo contrario me expongo a perderme o que desamparar las grandes obras de arquitectura de la Real Casa de Moneda, y de la Sta. Catedral, en que me hallo actualmente, trasladándome a otra parte para evitar no solamente los sonrojos y afrentas que padezco en esta capital, sino también para precaver algún atentado, que pueda ejecutar con los amasios de la citada torpe esposa, o ellos conmigo.”

Relato pormenorizado del adulterio
“(...) Pero su condición nada reflexiva ni cuerda la hizo atropellar con todo y poniendo su afición en Don Juan Josef de Goicolea (a quien yo le enseñaba principios de Matemáticas) le avanzó el extremo de abandonarme por él; burlándose ambos de mis repetidas amonestaciones y consejos, llegó al caso siguiente:
“me dirijí al quarto de ella, que sintiéndome salió precipitada con una luz en la mano, dejando a obscuras dicho quarto: aumentóseme con esto mi rezelo y puesto dentro del mismo quarto miré a todas partes con la luz que ministraba un brazero de candela que allí havia; y como no viese vulto alguno pedí muchas veces a gritos a una criada una luz, y no solo no me la traía, sino que la dicha Doña Manuela igualmente la mandaba desde la Huerta, que sacase el brazero del quarto”.

“(ya con luz)... fijé la vista en la cama, que sin embargo de tener corridas las cortinas, que aún no se juntaban del todo, divizé un bulto con capa encarnada, y vuelta blanca. (Toesca le pide a una de sus criadas que le traiga la capa. Quien se rehúsa en un principio pero después se la lleva).”

“...Mandela segunda vez que me pasase lo que yo había visto, y no pudiendo esquivarlo, el Don Juan Josef Goicolea bajó de la cama lleno de turbación y con voz trémula, y expresiones mal articuladas me significó le perdonase: yo sujeto, por alta Providencia, y sin saber de mí, le entregué su capa, y le dije que se mudase puntualmente: igual orden dí a Doña Manuela y ambos lo ejecutaron.”

“Las dos cartas que igualmente presento escritas todas por la misma Doña Manuela Fernández: Ellas hacen ver que la casa de exercicios de Peumo aun no se presta bastante seguridad para impedir una comunicación tan pecaminosa y detestable.”

(73v)”... a presencia de los pasajes que dejo relacionadas y de las cartas presentadas no puede desearse indicio más violento y vehemente del adulterio perpetrado por Doña Manuela con Juan Josef Goicolea.”

Carta incriminatoria
(75 v) (carta de Manuela a Goicolea desde encierro en convento)

“Yo por mis pecados me merezco esto”

“Adiós mi negrito, conviértete, no visites chusquisas (1), mucho le pido a la virgen por ti, que te haga un santo: pero creo que no será en ese pellejo y a Dios a quien le pido te guarde muchos años”.

La Fernández.
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1.Chusquisa: mujer de vida a alegre (Chile, Perú).


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“Pero su condición nada reflexiva ni cuerda la hizo atropellar con todo y poniendo su afición en Don Juan Josef de Goicolea (a quien yo le enseñaba principios de Matemáticas) le avanzó el extremo de abandonarme por él; burlándose ambos de mis repetidas amonestaciones y consejos”.

“Espero este favor, que el Señor le premiará, y de lo contrario me expongo a perderme o que desamparar las grandes obras de arquitectura de la Real Casa de Moneda, y de la Sta. Catedral, en que me hallo actualmente, trasladándome a otra parte para evitar no solamente los sonrojos y afrentas que padezco en esta capital, sino también para precaver algún atentado, que pueda ejecutar con los amasios de la citada torpe esposa, o ellos conmigo.”